Sábado, 20 Enero 2018

Amado por Dios

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 19 Enero 2016 10:19
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Juan fue capaz de reconocer a Jesús entre muchos hombres. “Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre Él he puesto mi espíritu”.

Quiero aprender a mirar a Jesús como lo miró Juan esa tarde, él fue capaz de descubrirlo sin conocerlo, oculto entre muchos hombres. A mí me da miedo no saber distinguirlo, dejar que pase de largo en medio de mis agobios y preocupaciones. Me da miedo no verlo en los hombres que se acercan a mí, no descubrirlo en mi corazón herido.

Me complico saliendo de mi vida buscándolo en lugares que me parecen más llenos de Dios. Y me olvido que yo mismo estoy lleno de Dios, mi Jordán, mi río, está lleno de Dios, mi hondura, mi jardín interior, mis raíces, mi tierra. En lo más profundo de mi alma vive Aquel a quien yo busco, Jesús viene a mi Jordán y me dice que me quiere con locura. Allí donde estoy llega Jesús. Lo deja todo y viene a mí. Quiere estar conmigo, aunque no me sienta digno ni de desabrocharle sus sandalias, Jesús viene a sacarme de mi ceguera, de mi cárcel, de mi prisión. Jesús viene a liberarme, le importo, me busca, me quiere. Parece imposible, pero es así. Espera paciente el tiempo que haga falta hasta que yo me dé cuenta de su presencia, espera mi tiempo. Y allí, en lo más hondo de mi vida, en mi enfermedad, en mis palabras, en mis sueños, en aquello que ahora mismo me hace temblar y reír, llorar o temer, allí llega Jesús, se pone a mi lado, en silencio y comparte conmigo la vida. Y entonces el cielo se abre. Y todo sucede no fuera de mi vida, sino en medio de mi vida, Jesús llega hasta mí.

Jesús ora conmigo, por mí, toma mi vida tal cual es, lo que me inquieta y alegra, lo que simplemente me aburre o me cansa, lo que me parece imposible. Acoge mi momento y ora a mi lado. Entonces, se abre el cielo y Dios me muestra donde está. Y dónde estoy yo en su corazón. Jesús responde al anhelo de mi vida como respondió al anhelo de la vida de Juan. Y me dice que me ama. Y mi vida cobra sentido. Porque eso es lo que yo necesito oír cada día para salir y liberar a otros. Para ser sanado y sanador. Liberado y liberador. Para sacar de su ceguera a los que no ven. Así empieza el camino de la santidad, cuando me sé amado por Dios, cuando descubro que soy el hijo querido y esperado de Dios, cuando entiendo que me quiere con locura, como soy, como estoy. Sólo el amor profundo saca lo mejor de mí, lo que soy de verdad. Sólo ese amor me convierte en amante, en sanador herido, en liberador de hombres. Sólo ese amor me saca de mí mismo y me pone en camino. (Del texto del P. Carlos Padilla, en Religión en Libertad, 10/01/2016.)

“Sé, Jesús mío, que me amas con locura; sé que siempre estás cuando te necesito; sé que eres mi fuerza y mi consuelo, que en ti y solo en ti puedo encontrar respuesta a mis anhelos. Señor, ¿Por qué a veces tengo miedo? ¿Por qué a veces estoy triste? Si sé que siempre estas allí para mí. Por favor, aumenta mi fe y que nunca dude que estás siempre para mí…”

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