Martes, 23 Enero 2018

El encuentro con Jesús

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Viernes, 15 Enero 2016 11:28
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Juan espera a Jesús en el desierto, en el Jordán. No sabe cómo será, aún no sabe quién es Jesús. Pero si sabe quién es él, sabe que él no es el Mesías: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. Sabe que su misión sólo es preparar torpemente el corazón limpiando con agua. Juan no pide que lo sigan a él, ni se deja alabar, es honesto. Sólo lava con agua para que otro cambie para siempre el corazón con su fuego, no cae en la tentación de creerse importante. Él sólo cumple su misión.

Es muy difícil ser así, a todos nos cuesta dejar que alaben a otro y seguir hablando bien de esa persona. Juan ni siquiera se siente digno de ser su siervo, de arrodillarse ante Jesús y descalzarlo. No necesita la gloria, sólo cumplir con obediencia su misión. Es el hombre honesto e íntegro que sabe quién es y también quién no es.

Juan y Jesús se encuentran, es el encuentro entre Juan y Jesús ya adultos. Un día se habían encontrado en el seno de sus madres, y Juan había saltado de gozo. El corazón anhelante de Juan por fin se calma ante Jesús, es el sueño de su vida, el misterio de su vida, el sentido de su vida. Lo primero que llama la atención es que Jesús va hacia Juan, sale de Nazaret, su tierra y va al Jordán donde se encuentra a Juan, sin esperar que éste vaya a él.

Jesús siempre toma la iniciativa y se acerca a nuestra vida, es él quien se acerca. Se acercó a unos hombres sencillos al borde del lago mientras pescan para llamarlos y cambiar su mar, se acercó a la mesa de cambios de Mateo el publicano en Cafarnaúm para decirle que lo siguiera, se acercó a la adúltera mientras la apedreaban. Fue a Samaria, llegó hasta Jericó y tocó al ciego y se invitó a casa de Zaqueo. Llegó al pozo de Jacob y pidió a la Samaritana que le diera de beber.

Jesús llega siempre a nuestra vida, allí donde estamos. Se interesa por nosotros, se mete hasta el fondo de lo que estoamos haciendo y viviendo. Y entonces nos abre el horizonte para vivir con más hondura. Ese estilo de Jesús me gustaría que fuera el mío, que conformara mi vida entera. Llegar hasta la vida de los otros donde ellos viven, compartirla, dejar mi esquema y darme. Así me lo enseña Jesús.

Esa forma de Jesús de acercarse, de acoger la vida del otro, es lo que sana el corazón del hombre. Jesús se pone de nuestro lado y no nos juzga. Todos sabemos que Él es el único capaz de abrir y de curar las heridas, Jesús toca nuestra alma con respeto infinito, tiene ese estilo delicado de llegar hasta nosotros, a nuestro río, a nuestro Jordán, a nuestra misión, a aquello que nos ocupa ahora mismo, allí donde estamos. ¡Cuántas veces tenemos miedo de no encontrarlo, de no saber dónde buscarlo! Y Él siempre irrumpe. Deberíamos confiar más. Ojalá siempre sepamos reconocerlo en nuestra vida. (Del texto del P. Carlos Padilla, en Religión en libertad, 10/01/2016.)

“No puedo decir el día que me encontré con Jesús, lo que si sé, es que era ya un adulto cuando Él me encontró a mí, cuando él vino a mí. Me buscó y poco a poco empecé a conocerlo y cuanto más lo conozco, más lo amo. Cuanto más medito su Palabra más hondo entra en mí. Su amor ha cambiado mi forma de ver la vida, ha cambiado mis esquemas. Quiero Señor Jesús ser como Juan, quiero reconocer lo que quieres de mí y obedecer tu voluntad…”

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