Sábado, 20 Enero 2018

A Jesús se le conoce siguiéndole antes que estudiándole

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Miércoles, 13 Enero 2016 13:00
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Cada día Cristo nos pregunta quién es Él para nosotros y la respuesta solo es posible darla viviendo como sus discípulos. Más que una vida de estudioso, es una vida de discípulo la que permite al cristiano conocer realmente quién es Jesús. Un camino sobre las huellas del Maestro, donde pueden entrelazarse testimonios claros y también traiciones, caídas y nuevos impulsos, pero no solo una actitud de tipo intelectual.

Cuando Jesús les pregunta a sus apóstoles "¿quién decís vosotros que soy yo?", Pedro afirma: "Tú eres el Cristo" e inmediatamente después considera que debe de reprochar a Jesús que acaba de anunciar que tiene que sufrir y morir, para después resucitar.

Muchas veces, Jesús se dirige a nosotros y nos pregunta: “¿quién soy yo para ti?” Obteniendo, tal vez la misma respuesta de Pedro, la que hemos aprendido en el catecismo. Pero no es suficiente. Para responder a esa pregunta que todos nosotros sentimos en el corazón, no es suficiente lo que hemos aprendido, estudiado en el catecismo. Para conocer a Jesús es necesario hacer el camino que ha hecho Pedro y a un cierto punto, Pedro ha renegado de Jesús, ha traicionado a Jesús, y ha aprendido a través de las lágrimas y del llanto.

Pedro pide perdón a Jesús a pesar de todo y después de la Resurrección es interrogado tres veces por Él: “Me amas” y probablemente en el reafirmar el amor total por su maestro llora y se avergüenza al recordar sus tres negaciones.

Recordemos que, esta primera pregunta ¿quién soy para ti? a Pedro, solamente se entiende después de un largo camino, un camino de gracia y de pecado, un camino de discípulo. Jesús, a Pedro y a sus apóstoles, no les ha dicho “Conóceme”, les  ha dicho “Síganme”. Y este seguir a Jesús nos hace conocerlo. Seguir a Jesús con nuestras virtudes, también con nuestros pecados, pero seguir siempre a Jesús. No es un estudio de cosas que es necesario, sino una vida de discípulo.

Es necesario un encuentro cotidiano con el Señor, todos los días, con nuestras victorias y nuestras debilidades. Y “Es un camino que nosotros no podemos hacer solos" y para ello es necesaria la intervención del Espíritu Santo. Conocer a Jesús es un don del Padre y es un trabajo del Espíritu Santo, que trabaja en nosotros siempre.

Hoy miramos a Jesús y sentimos en nuestro corazón esta pregunta: “¿quién soy yo para ti?” Y como discípulos pedimos al Padre que nos dé el conocimiento de Cristo en el Espíritu Santo, que nos explique este misterio". (De la homilía del Papa Francisco, 20/02/2014.)

“Jesús mío, tú eres mi Señor, tú eres mi Dios, eso lo sé y lo repito todos los días, pero también me pides que  siga tus pasos y cargue mi cruz, que no busque solo lo que me agrada y me causa placer, sino que haga tu voluntad en mí. Qué difícil es vencer las propias debilidades, renunciar, esforzarse cada día más, ayúdame Jesús, porque sola no puedo, solo contigo en mi podré llegar…”

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