Sábado, 20 Enero 2018

Construir sobre cimientos sólidos

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 05 Enero 2016 14:00
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Somos personas en construcción, este nuevo año tenemos que preparar caminos nuevos; allanar los montes del alma, los montes que obstaculizan y no nos dejan ver con claridad por dónde ir; llenar el valle para que tenga suficiente altura y así poder salir de la nostalgia cuando nos invada el desánimo. Me gusta la imagen de construir sobre cimientos sólidos mi vida. Cambiar lo que haya que cambiar. Dejar igual lo que no funciona bien, si funciona y me da vida, puedo seguir haciéndolo. Vivimos en una época en que lo nuevo es muy atractivo y las cosas quedan anticuadas en seguida. Como si lo nuevo fuera siempre mejor que lo viejo.

¿Es necesario siempre cambiar por cambiar? No por cambiar soy más feliz, tengo que hacerlo con un sentido. Es bueno cambiar lo que no funciona, mejorar mis hábitos y mis maneras cuando no son las adecuadas.

¿Qué cosas tengo que cambiar al comenzar este año? Cambiar el alma es importante, porque siempre podemos ser mejores, ser más de Dios y vivir menos apegados a la tierra. Siempre podemos soñar más alto y alcanzar cumbres inexploradas. Creo que el cambio más importante es construir sobre una tierra que está en orden.

Colocar cimientos firmes es posible sobre la base del perdón, todos tenemos tanto que perdonar en nuestra vida. Comenta el Papa Francisco: “El perdón es vital para nuestra salud emocional y sobrevivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en un escenario de conflictos y un bastión de agravios. Sin el perdón la familia se enferma. El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón. Quien no perdona no tiene paz del alma ni comunión con Dios. Guardar una herida del corazón es un gesto autodestructivo. Quien no perdona enferma físicamente, emocionalmente y espiritualmente”. Cuando no perdono guardo el rencor en el alma. Y el rencor va llenando el corazón de mensajes negativos, que me hacen pensar que no valgo, que no sirvo. Que me hacen creer que no puedo seguir adelante porque esas heridas me duelen demasiado, el dolor me acaba enfermando. A veces pretendemos hacer como si no hubieran existido esas experiencias, las colocamos en lo más hondo del subconsciente queriendo olvidarlas. Pero el dolor permanece oculto y vuelve de vez en cuando, cuando se repiten dinámicas parecidas, cuando escuchamos quejas similares, cuando nos hacen acusaciones semejantes. En esos momentos reaccionamos con tristeza, con ira, con dolor. Pero no acabamos de entender nuestras reacciones. El perdón es la medicina que nos sana. Si tú odias a alguien, no le haces daño a él, te haces daño a ti mismo. El perdón sana.

¡Qué importante es aprender a perdonar! Pidámosle a Dios en este Nuevo Año que nos ayude a perdonar. Él puede hacerlo en nosotros, Él siempre puede. (Del texto del Padre Carlos Padilla, 29/1172015)

“Jesús, que llegue siempre ante ti sin rencor, sin quejas. Que nunca te use de refugio cuando he hecho daño. Que siempre llegue ante ti habiendo perdonado. Sin pensar mal, sin cuentas pendientes, sin estar enfadada, sin queja interna, con el alma llena de alegría. Quiero adorarte en mis hermanos, cuidarte en los que están sin ti. Déjame amar por ti a los que no te conocen o están lejos, déjame desgastarme y renunciar con una sonrisa y así ser feliz…”

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