Sábado, 20 Enero 2018

Arrodillado frente al Belén

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 05 Enero 2016 13:12
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Arrodillado frente al Belén, quiero dejar a un lado todo lo que me pesa, lo que me agobia, lo que me inquieta, la bolsa pesada que cargo en mi espalda. Dejar de lado mis agobios y mis miedos, de poco sirve preocuparnos, agobiarnos por la vida, sufrir por lo que no ha sucedido. Sirve de poco, es verdad, pero no dejamos de hacerlo, nos agobiamos, nos preocupamos. No sirve de nada perder el tiempo y la energía temiendo posibles resultados negativos. 

Por eso me gusta llegar al Belén y entregar lo poco que tengo, como los pastores, como los Reyes. Entregar mis temores y agobios para quedar más libre, más ligero de peso, más feliz. Dárselos a Jesús y decirle que mi vida está en sus manos, que es suya, que si Él me toma en sus brazos nada temo. Por eso me gusta arrodillarme ante el Belén, volver a dejarlo todo, volver a confiar, descansar y sentirme amado.

Pero se me olvida tantas veces, me quedo en lo que no tengo, en lo que me falta, en lo que no sucede. Miro mi vida y pienso en lo que podía ser mejor que en lo que tengo, por eso tal vez no sé agradecer con facilidad por el amor de los que me aman y el reconocimiento de los que me reconocen, no sé valorar las pequeñas ganancias en las grandes pérdidas. Antes bien me fijo en el desamor de los que me ignoran y en el desprecio de los que no me aprecian. No nos quieren tanto como quisiéramos nosotros, ni tanto como creemos que nosotros amamos y merecemos.

Nos gustaría vivir relajados sin temer tanto el futuro, postrarnos ante el Belén y agradecer por nuestra vida imperfecta, llena de defectos. No tenemos una vida perfecta, esa vida soñada que esperábamos. Tenemos una vida llena de debilidades y grandezas, de logros y fracasos, una vida pobre. Pero una vida digna del amor de Dios. Por eso, al mirar mi vida, quiero hacerlo agradecido, alegre. Sin quejas, sin tristeza, porque soy valioso a los ojos de Dios. Quiero tener un corazón agradecido. Sé que es un milagro, porque mi corazón exige y demanda. Pero necesito comprender que todo es un don gratuito, que nada merezco. (Del texto del P. Carlos Padilla, 27/12/2015).

“Quiero entregarte Señor mi corazón vacío, necesitado, pobre, ponerlo a tus pies, aquí, ante el pesebre. Necesito Jesús mío que lo llenes con tu amor, que lo consueles,  que lo colmes de esperanza, que lo desbordes de gozo. Quiero llenarme de ti para no quedarme sola nunca más. Y quiero, así, colmada, llevarte a mis hermanos que están hambrientos de ti…” 

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