Sábado, 20 Enero 2018

Apertura de la puerta santa de la misericordia

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 05 Enero 2016 13:09
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Este año se abre la puerta santa del corazón de Jesús, del corazón de María. Se desborda una misericordia que no alcanzo a comprender, porque me cuesta entender tanto perdón. Un perdón que no merezco, porque no soy digno, porque nunca seré digno. Porque es un don, es gratuidad.

Por eso me gusta detenerme en Jesús, en su vida y pensar en tantos momentos en los que mostró su misericordia sin pedir nada a cambio. Fue misericordia en sus palabras y en sus silencios, en sus gestos de amor, en sus abrazos: cuando se detuvo ante el ciego y curó su ceguera, cuando llamó a Mateo y pasó por alto su oficio. Fue misericordia al perdonar a la mujer adúltera. Al convertir el agua en vino, cuando sólo su Madre había visto la necesidad. Al hacer milagros que nadie le pedía. Ante Pedro, al saber que le negaba en el dolor de la noche, oculto entre la gente al cruzarse sus miradas. Ante el buen ladrón conmovido porque fue capaz de ver detrás de su sangre una luz de cielo. Ante los que le mataban sin misericordia y Él los perdona sin decir palabras. Sí, Jesús perdona siempre, comprende siempre, se compadece siempre. Y nos dice que Dios es un padre que siempre acoge al hijo pródigo y abraza con misericordia al hijo mayor que no comprende nada. Y me recuerda que Él es el buen samaritano que se detiene ante mí, cura mis heridas, me carga en sus hombros y me lleva a su casa. Y me dice que si soy perdonado en mucho, amaré mucho y seré capaz entonces de dar mi vida por entero.

Es la fuerza del amor que tiene aquel que ha sido tan amado, pero a veces el amor recibido se olvida y no valoramos la misericordia que nos hemos encontrado. Y nos quejamos porque la sed es infinita y el amor recibido nos parece finito. Y no olvidamos nuestra necesidad y no pensamos en el contexto de los otros y de Dios. Así me pasa tantas veces que no recuerdo el perdón que me se ha dado. Perdonar amando. Por eso quiero recordar cuánto me ha amado Jesús. Quiero volver a tocar la caricia de Dios en mi herida. Su amor inmenso tomando mi corazón herido en sus manos. (Del texto del P. Carlos Padilla, 27/12/2015).

“Señor, has venido a mi corazón sediento esta Navidad, con tu venida has llenado los huecos de mi soledad…Me he llenado de ti, me siento desbordar… Ahora solo quiero llevarte a mis hermanos para que ellos sientan esta felicidad. Que todos te conozcan, que todos te bendigan y que todos vivan, igual que yo, llenos de ti, para que no haya discordias y que haya mucha paz…”

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