Martes, 23 Enero 2018

El regalo de Dios

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Jueves, 31 Diciembre 2015 20:12
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Todo es un regalo de Dios en nuestra vida, el amor de Dios nunca es merecido, se nos da como un don, es infinito; mientras que nuestra capacidad de amar es finita. No lo podemos ganar a base de esfuerzo, de méritos, o de un buen comportamiento.

Justamente Navidad es misericordia, es el amor infinito que se abaja para colmar nuestra sed de infinito. Me gustaría expresarle de rodillas a Dios mi amor sencillo. Como una persona que selló hace un tiempo su alianza de amor, dijo lo más importante: “Jesús, te entrego mi corazón”. Dijo lo más valioso que le podemos decir al Señor con pocas palabras, lo único que de verdad merece la pena, lo más valioso. Se lo entregó todo, no pidió nada, no exigió amor a cambio de su entrega. Simplemente le entregó su corazón, su vida, su alma. Con sencillez, humildemente. Lo entregó todo.

Me gusta la imagen de la puerta santa al pensar en la Navidad. Me gusta la puerta del portal de Belén que se abre ante mí, pequeña, frágil e invitándome a entrar vacío de mí mismo, esperando llenarme de Dios. En la vida encontramos muchas puertas, algunas están cerradas, otras se abren fácilmente, a veces dentro no encontramos nada, otras veces encontramos lo inesperado. Me gustan las puertas, las abiertas y las cerradas. Me gusta detenerme ante ellas, tocarlas, abrirlas. Buscar otras puertas, otras ventanas que me permitan seguir el camino. No empeñarme en las cerradas. Hay que aceptar la vida como viene y la vida tiene muchas puertas.

Nuestro propio corazón tiene una puerta, y una llave, a veces lo tengo cerrado y no dejo que se abra. El corazón de Jesús también tiene puerta, con una llave, la de la misericordia. Sólo si amo de esa forma puedo entrar por su puerta, Jesús no la presiona, espera, aguarda paciente. Se abre cuando no soy egoísta, cuando me vuelco en los hombres. Cuando me doy, cuando me desgasto. Pero me cuesta tanto abrir la puerta de mi alma.

Sólo Dios puede derribar la puerta de mi alma, puede tirarla incluso aunque yo me resista a abrir. Puede cambiarme por dentro aunque yo no quiera cambiar. Mi corazón cerrado sólo espera que llegue a mí y lo llene de ternura, y lo transforme en la morada de Dios. Por eso hoy quiero llegar ante el portal de Belén, ante la puerta santa del Belén y suplicarle a Jesús que derribe mi puerta. Porque no puedo abrirla, porque me cierro y me cuesta amar. Es más seguro tener la puerta cerrada, me da miedo abrirla, me da miedo confiar en los que llegan pretendiendo beber en mí, descansar en mí. Verdaderamente mi puerta sólo se abre si Jesús me ayuda, si me dejo abrir por Él, si dejo que Él fuerce mi cerradura y entre. Lo cambiará todo con su presencia, de eso estoy seguro. Convirtió un pesebre sucio y pobre en un palacio. Transformó la vida de tantos al llegar a lo más hondo del alma. Son los milagros de amor que yo desconozco. Y que suceden cuando digo que sí, cuando me dejo hacer. Quiero decirle que sí a Dios. (Del texto del P. Carlos Padilla, 27/12/2015.)

“Hoy llego ante tu Belén y me pregunto: ¿Señor que te puedo ofrecer? ¿Qué te puedo ofrecer si nada soy y nada tengo que sea realmente mío? Si solo soy y solo tengo lo que tú me has hecho y me has dado. Pero aquí estoy, de rodillas, para poner a tus pies mi nada…”

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