Sábado, 20 Enero 2018

A la espera de un gran acontecimiento

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Jueves, 10 Diciembre 2015 13:38
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La expectación es la espera de un acontecimiento que interesa o importa. El Adviento nos sumerge en la expectación, en la tensión dinámica de la espera de un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos: la venida de Cristo.

En la liturgia de este tiempo, la Iglesia actualiza la espera del Mesías, compartiendo así la espera de Israel y, de algún modo, la espera confusa de todo hombre: el anhelo de salvación, de redención, de justicia, de felicidad. Al disponernos a celebrar la venida del Salvador en la humildad de nuestra carne, los fieles renovamos el ardiente deseo de su segunda venida en la majestad de su gloria.

Expectación es también un nombre: María, la Hija de Sión, la Virgen que está encinta y que dará a luz un hijo, al que le pondrán por nombre “Dios-con-nosotros”. María ejemplifica de un modo singular el Adviento, esperando con inefable amor de Madre a quien todos los Profetas anunciaron y a quien Juan proclamó ya próximo.

Con Ella, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación. Ella es hija de Adán por su condición humana y descendiente de Abraham por su fe. Ella es “la vara de Jesé” que ha florecido. No sólo Israel, sino la humanidad en su conjunto necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza”.

María, excelsa entre los humildes y los pobres, ofrece también en nuestra época, atenazada por el acoso de la soledad y del hastío, la visión serena de la victoria de la esperanza: al hombre contemporáneo, frecuentemente atormentado entre la angustia y la esperanza.

La Virgen, contemplada en su vicisitud evangélica y en la realidad ya conseguida en la Ciudad de Dios, ofrece una visión serena y una palabra tranquilizadora: la victoria de la esperanza sobre la angustia; de la comunión sobre la soledad; de la paz sobre la turbación; de la alegría y de la belleza sobre el tedio y la fealdad del mundo; de las perspectivas eternas sobre las temporales; de la vida sobre la muerte”. (De Info Católica, Guillermo Juan Morado, 7/12/2013.)

“Virgen Santísima, madre de Jesucristo y madre mía, tú, que desde la eternidad estabas en el pensamiento de Dios; tú, que fuiste concebida llena de gracia; tú, que dijiste “he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”; tú, la creatura perfecta; oye mi oración e intercede por mí, por los míos y por el mundo entero, ante tu amado Hijo Jesucristo nuestro hermano y Señor…”

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