Sábado, 20 Enero 2018

Cristo, la luz verdadera

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Jueves, 10 Diciembre 2015 13:37
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¿Cómo se siente una persona apresada en una oscura e incómoda celda, cuando alguien abre una ventana y puede ver el exterior? ¡Feliz! porque su oscuridad ha terminado y puede intentar escapar de su cautiverio a través de la ventana. Ya tiene sentido una vida que se consumía sin objeto alguno. Cristo es esa Luz que brilla a través de la ventana de la redención.

Lo curioso es que parece que muchos católicos seguimos en la misma celda a oscuras. La Luz no ha traspasado los muros de lo cotidiano. La salvación, que tiene mucho de sentido, parece sólo una promesa que nunca llega a hacerse realidad. En todo caso, esperamos que todo cambie cuando muramos y mientras, nos conformamos con esperar y padecer. ¿Qué testimonio podremos dar a quienes nos observan? Cristo es Dios de vivos no de muertos. Somos como estatuas de sal, que miran hacia atrás y no hacia la Luz que hay delante.

En una palabra, necesitamos conversión. Necesitamos aceptar la Luz que viene al mundo a habitar con nosotros. Cuando Cristo habla a Nicodemo, parece que nos habla directamente a nosotros “…En verdad, en verdad te digo que el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.” Preguntó Nicodemo a Jesús: “¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?” Respondió Jesús: “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de Agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”.

Hay mucho que reflexionar sobre nuestra actitud vital y el Adviento es estupendo para ello. Fijémonos en los tres Sabios Reyes de oriente, que dejaron todo lo que tenían por un signo en el cielo. Quien sabe leer los signos, es capaz de entenderlos y vivirlos. Desgraciadamente parece que hemos olvidado cómo se hace. Nuestro bautismo es un signo más poderoso que la Estrella de Belén y parece que no somos capaces de vivirlo de momento en momento.

Cristo, la luz verdadera no se detiene ante los muros ni se quebranta por los elementos, ni se oscurece ante las tinieblas. La luz de Cristo es día sin ocaso, día sin fin; por todas partes resplandece, por todas partes penetra, en todas partes permanece. Cristo es el día, según el apóstol: “La noche está muy avanzada y el día se acerca.” La noche avanzada, precede el día. Comprended aquí que desde que la luz de Cristo aparece, las tinieblas del diablo se dispersan y la noche del pecado se desvanece; el esplendor eterno echa fuera las sombras pasadas y cesa el progreso maléfico del mal. (Del texto en Religión en Libertad, de Néstor Mora Núñez, 12/04/2014.)

“Jesús mío, ayudare a reflexionar si mi bautismo me ha hecho nacer de nuevo del Agua y del Espíritu, si todo mi vivir y todo mi actuar están marcados por ti. Ayúdame a no vivir soportando el yugo pesado y amargo del pecado, por miedo a no vivir en tu luz y en tu verdad…”

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