Martes, 23 Enero 2018

1er. Domingo de Adviento

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 01 Diciembre 2015 11:53
Rate this item
(0 votes)

Con el primer domingo de Adviento comienza un nuevo año litúrgico. El Evangelio que nos acompañará en el curso de este año, es el de Lucas. La Iglesia acoge la ocasión de estos momentos fuertes, de paso, de un año al otro, de una estación a otra, para invitarnos a detenernos un instante, a observar nuestro rumbo, a plantearnos las siguientes preguntas: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? y sobre todo ¿A dónde vamos?

En las lecturas de la Misa dominical, todos los verbos están en futuro. En la primera lectura escuchamos estas palabras de Jeremías: “Mirad que días vienen –oráculo del Señor- en que confirmaré la buena palabra que dije a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella sazón haré brotar para David un Germen justo...”.

A esta espera, realizada con la venida del Mesías, el pasaje evangélico le da un horizonte o contenido nuevo, que es el retorno glorioso de Cristo al final de los tiempos. “Las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria”.

Son tonos e imágenes apocalípticas, de catástrofe, sin embargo se trata de un mensaje de consuelo y de esperanza. Nos dicen que no estamos caminando hacia un vacío y un silencio eternos, sino hacia un encuentro, el encuentro con Aquel que nos ha creado y que nos ama más que un padre y una madre. En otro lugar el propio Apocalipsis describe este evento final de la historia como una entrada al banquete nupcial. Basta con recordar la parábola de las diez vírgenes que entran con el esposo en la sala nupcial, o la imagen de Dios que, en el umbral de la otra vida, nos espera para enjugar la última lágrima que penda de nuestros ojos.

Desde el punto de vista cristiano, toda la historia humana es una larga espera. Antes de Cristo se esperaba su venida; después de Él se espera su retorno glorioso al final de los tiempos. Precisamente por esto el tiempo de Adviento tiene algo muy importante que decirnos para nuestra vida: la vida es espera.

Nos impacientamos cuando estamos obligados a esperar una visita o una experiencia. Pero ¡ay si dejáramos de esperar algo! Una persona que ya no espera nada de la vida está muerta. La vida es espera, pero es también cierto lo contrario: ¡la espera es vida!

Para los que creemos en Cristo es la espera de alguien que ya ha venido y que camina a nuestro lado. Por esto, después del primer domingo de Adviento, en el que se presenta el retorno final de Cristo, en los domingos sucesivos escucharemos a Juan Bautista que nos habla de su presencia en medio de nosotros: “¡En medio de vosotros -dice- hay uno a quien no conocéis!”. Jesús está presente en medio de nosotros no sólo en la Eucaristía, en la Palabra, en los pobres, en la Iglesia... sino que, por gracia, vive en nuestros corazones y el creyente lo experimenta.

La del cristiano no es una espera vacía, un dejar pasar el tiempo. Jesús nos dice también cómo debe ser la espera de los discípulos, cómo debemos comportarnos entretanto, a fin de no vernos sorprendidos: “Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida... Estad en vela, pues, orando en todo tiempo...”.

(Homilía del Padre Raniero Cantalamessa para el 1er. Domingo de Adviento ciclo C, 29/11/2015.)

“Jesús mío, ayúdame para esperarte con mi lámpara encendida y así estar preparada para tu venida…Señor sé que es infinita la misericordia que me brindas cada instante de mi vida, pero también sé que tengo que estar en gracia para poder recibirla…”

Read 1318 times