Sábado, 20 Enero 2018

Caminemos al encuentro del Dios eterno

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Viernes, 20 Noviembre 2015 09:28
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No cabe duda que hoy vivimos tiempos traspasados por el dolor y la esperanza.

“Más por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Más de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre”. Marcos 13, 24-32.

Estos textos fueron escritos a comunidades cristianas que estaban sufriendo la persecución, sufrían el odio y el desprecio, morían, eran encarcelados, se arruinaban por seguir a Jesús hasta el extremo. Pero no perdían la esperanza, no se desalentaban. No querían conocer exactamente el día de la venida del Señor, pero sabían que la victoria estaba de su mano. Por eso estas palabras no son negativas. Al contrario, están llenas de luz. Para esas comunidades, la opción consistía en seguir a Jesús hasta el final o renegar de su amor incondicional. Muchos se mantuvieron fieles. Es como si esos textos los escribieran hoy para nosotros. En medio de la oscuridad, el sol está cerca, la esperanza, la victoria final. Son palabras que se actualizan hoy para tantos hombres que ofrecen su vida en el martirio, fieles hasta la muerte.

Pero también el miedo a la muerte nos paraliza a menudo, nadie quiere morir de repente, nadie quiere perder el honor y la vida, nadie quiere dejar de luchar por mantenerse vivo. Por eso Dios se hace más radical y hondo cuando la posibilidad de la muerte es una amenaza muy real. Dios también, en esas ocasiones, logra sacar lo mejor de nuestro interior.

La muerte y su espera, caminar y confiar, vivir e ir muriendo paso a paso. Caminamos al encuentro con ese Dios eterno que nos espera, sólo vale entonces darle el sí de nuevo a Dios cada mañana, y sentir la compañía de Jesús que no nos deja nunca, Él siempre está cerca, a las puertas de mi vida, de mi corazón, esperando y acompañando. Nada temo, o mejor, temo y confío. Espero y tiemblo. (Del texto del P. Carlos Padilla, 15/11/2015.)

“Señor Jesús, confío y temo…confío, porque sé que solo quieres mi bien…temo, porque soy débil y me asustan las situaciones de riesgo cuando las cosas se salen de control. Señor, están pasando en el mundo cosas espantosas y lo peor se están matando implorando tu nombre y eso es la máxima maldad. Tú nos enseñas que debemos amarnos como hermanos, amar a todos por igual, sin importar las diferencias, los gustos o las simpatías, incluso tú nos mandas a “amar a nuestros enemigos”…Jesús por favor, ayúdame a amar como tu amas…”

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