Sábado, 20 Enero 2018

Aprender a confiar en Dios

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Viernes, 20 Noviembre 2015 09:24
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Los que ven nuestra desolación y tristeza intentan mostrarnos el camino pero nosotros no lo percibimos. No sabemos pedir ayuda y nos cuesta reconocer que estamos necesitados. ¡Qué difícil es gritar al otro que nos muestre el camino de salida! Vivimos en nuestros problemas, agobiados, sin paz, obcecados, perdidos. No pedimos ayuda; nos da miedo que conozcan cómo somos de verdad, nos da miedo mostrar la herida, la debilidad, la impotencia.

Huimos de los que pueden juzgarnos por nuestra debilidad. Por eso, tantas veces, aunque nos griten, no escuchamos y seguimos golpeando paredes y ventanas cerradas buscando una salida. Nos quejamos de nuestra mala suerte. Nos da miedo decir la verdad sobre nuestra vida a aquel que no la ve. A mí mismo me da miedo decirle a los más cercanos, esperamos a que ellos se den cuenta y muchas veces no se enteran. Vivimos en un mundo muy individualista. Cada uno busca la salida sin pedir ayuda, cada uno pretende salvarse a sí mismo. No queremos ser salvadores.

Conozco a muchas personas que no tienen autocrítica, ni tampoco una percepción sana de la realidad. Los demás son siempre los culpables, los otros son los responsables de su estado. Ellos, por su parte, lo hacen todo bien. A veces le echamos la culpa de nuestra suerte al mundo, a la vida, a los otros.

La ayuda a los otros comienza con nosotros mismos. Nadie se salva solo, nadie puede vivir solo.

Necesito que me quieran, necesito que me acompañen en el dolor, necesito ser escuchado, necesito ser comprendido, necesito que perdonen mis caídas, necesito que toleren mi carácter, mis manías, mis deseos. Pero muchas veces nos encerramos porque hemos tenido malas experiencias al pedir ayuda. O no hemos experimentado la aceptación ni el perdón. Y pensamos que solos podemos mejorar. Hay personas que viven peleadas con el mundo porque creen con firmeza que son los demás los que les tienen envidia. No es fácil pedir ayuda cuando uno piensa que todo está bien en su vida.

Hace falta humildad para pedir ayuda y todavía más aún para aceptarla. Hace falta mucha humildad para reconocer que no todo en mí está en orden, que no siempre tengo paz, que hay temas no resueltos.

Pero es verdad que muchos siguen perdidos. No ven la luz. Que cuando estamos más desesperados es cuando alzamos la mirada a lo alto y suplicamos ayuda. Y vemos un rayo último de esperanza.

Tenemos que aprender a confiar en Dios, porque él está siempre presente, no va a desaparecer, porque nuestra vida le importa, le importa mucho. (Del texto del P. Carlos Padilla en Zenit.org. 21/06/2015)

“Señor mío, dame la gracia de abandonarme en ti, poner todas mis angustias y mis dolores en tus amorosos brazos…. Así quisiera confiar siempre, simplemente dormir en tu regazo, como los niños duermen en los brazos de sus padres…”

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