Sábado, 20 Enero 2018

Donde no hay amor...

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Viernes, 20 Noviembre 2015 09:21
Rate this item
(0 votes)

“Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor” San Juan de la Cruz.

El amor hace semejante a los que se aman, el que ama trata de asemejarse a su amado y para encontrar la asemejanza con él, naturalmente trata de imitarlo.

El que ama al Señor, trata de imitar en todo, a la que fue la vida de Nuestro Señor en esta tierra. Cuando se da la asemejanza, es de ver que: “El hombre se asemeja tanto más a Dios, cuanto más se asemeja al amor, única fuerza capaz de superar los conflictos y las disociaciones de este mundo”.

Resulta imposible que exista amistad entre el hombre y Dios, mientras el hombre no le ame. Además de decirnos San Juan de la Cruz, que el amor genera semejanza entre lo que se ama y lo que es amado, nos dice también, que si nosotros amamos tenemos que imitar. Si amamos imitamos, porque precisamente la imitación es el mayor fruto del amor. El hombre es un ser necesitado de amor, necesita amar y ser amado. Si no puede satisfacer esta exigencia natural, la existencia se le vuelve insoportable.

La necesidad de amar al hombre es también propia de la esencia de Dios. Él vive deseando ser amado por nosotros. Su amor que es su esencia, su propia naturaleza tal como nos dice Juan evangelista: “Dios es amor y solo amor”. Nos pide nuestro amor, desea nuestro amor, porque nosotros formamos parte de su gloria.

En Él, todo es ilimitado y desde luego que lo es el amor a nosotros lo que le llevó voluntariamente a revestirse de carne mortal, rebajándose a nuestra humana condición para elevarnos a su gloriosa divinidad. También Juan, recogió en su evangelio estas otras palabras del Señor: “Como el Padre me amó, yo también os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis preceptos, permaneceréis en mi amor, como yo guardé los preceptos de mi Padre y permanezco en su amor”.

Nosotros vivimos porque compartimos el aliento de Dios, la vida de Dios, y la gloria de Dios. La pregunta no es tanto ¿cómo vivir para la gloria de Dios? sino ¿cómo vivir lo que somos? ¿Cómo hacer verdadero nuestro ser más profundo? Cada uno de nosotros somos la gloria de Dios.

“Desde el principio te he llamado por tu nombre. Eres mío y yo soy tuyo. Eres mi amado y en ti me complazco. Te he formado en las entrañas de la tierra y entretejido en el vientre de tu madre” (Del texto de Juan del Carmelo, en Religión en Libertad, 04/05/2015)

“Jesús mío, sé que me amas hasta el extremo de haber dado tu vida por mí. ¿Cómo puedo Señor corresponder de alguna manera a ese inmenso amor? Sólo sé que para amarte, debo adorarte, debo bendecirte y debo darte las gracias en todo momento por lo que me das. También sé que quieres que cumpla tu voluntad en mí. Ayúdame Señor, dame la gracia para poder llegar a ti y permanecer en ti…”

Read 349 times