Sábado, 20 Enero 2018

El amor del Padre es infinito y misericordioso

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Jueves, 01 Octubre 2015 12:26
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Jesús se siente amado por su Padre hasta lo más profundo de su ser, esa es su verdad más honda. Pensemos en estas palabras que dice en la última cena. Parece imposible pensar que frente a la injusticia más grande que ningún hombre ha cometido nunca, Jesús hable del amor de su Padre: “Como el Padre me ha amado, así os he amado Yo”.

En la oscuridad no veo a Dios, y es cuando más lo necesito, dudo a veces de su presencia a mi lado, dudo muchas veces al ver sufrir a los que amo, dudo cuando caigo y dejo de creer que me siga queriendo. Jesús habla de lo más importante, como nosotros lo haríamos el día de nuestra muerte, habla de su vida, habla del amor de su vida, de su secreto, de su misterio, habla del amor del Padre y de su amor al hombre.  

Jesús ha sido toda su vida el hijo obediente, el hijo amado. Y por eso es capaz de amar: “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”.  

Ante las cruces, ante la injusticia, ante el fracaso humano como el que sintió Jesús en su corazón, nosotros muchas veces clamamos al cielo. ¿Dónde está Dios? ¿Dónde está la justicia, dónde su amor? ¿Dónde está mi Padre que no viene a rescatarme? ¿Cómo me deja vivir esto solo? ¿Por qué no lo soluciona? Clamamos y no vemos a Dios crucificado a nuestro lado, amándonos más que nunca.  

En la Pasión, Jesús sabe que en ese momento el Padre lo sostiene, está con Él a su lado. Que ahora más que nunca es su Hijo. Los dos comparten el mismo amor por el hombre, los dos comparten la impotencia frente a la libertad humana, esa sagrada libertad por la cual el hombre quiere erigirse en Dios.

 Jesús vino a la tierra a mostrarnos el rostro de Dios, a darnos el amor de Dios. El amor de Jesús en la tierra es la forma como Dios nos ama. Es el amor que lo deja todo, que renuncia a todo, que nos espera siempre, que nos perdona. Que muere por nosotros para darnos la vida. (Del texto del P. Carlos Padilla, en Religión en Libertad, 10/05/2015.)  

“Señor ¿por qué somos tan sordos y tan ciegos los hombres? Dame Jesús más entendimiento, dame la gracia para aceptar mi vida como es y no como yo quisiera que fuera. Dame la docilidad de aceptar tu voluntad en mi…” 

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