Martes, 23 Enero 2018

Demos un SÍ a Dios...

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Lunes, 14 Septiembre 2015 12:00
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Jesús anhela que trabajemos en su viña; aunque a veces uno no valore los dones que tiene y piense que Dios no necesita nuestros pocos talentos. Dios necesita nuestra vida y apertura para seguir sus pasos, el problema es que muchas veces ignoramos su búsqueda. 

Dios llama de muchas maneras, aunque nosotros esperamos una manera muy especial que difícilmente llegará; esperamos una llamada personal, inconfundible, no insinuaciones que no somos capaces de descifrar. Él sigue buscándonos, busca que le demos lugar en nuestra vida, cada uno en su camino, en la vocación a la que Dios le llama. Jesús busca la radicalidad en la entrega. El sí definitivo.  

Decía Benedicto XVI: “Quisiera despertar el ánimo de atreverse a tomar decisiones para siempre, sólo ellas posibilitan crecer e ir adelante, lo grande en la vida; no destruyen la libertad, sino que posibilitan la orientación correcta”. Tomar este riesgo y con ello aceptar la vida por entero. Los que fueron a la viña tomaron una decisión trascendente que cambió sus vidas para siempre. Dejaron de estar en la plaza, para estar en la viña, dejaron de estar sin trabajo para estar trabajando para el Señor.  

Las decisiones para siempre incomodan. Un sí a Dios para estar a su lado, en su cruz, como María, para siempre. Son palabras mayores. El corazón humano desea un para siempre, el amor no se conforma con lo caduco, con lo temporal, al amor sólo le vale un estar comprometido, sin excusas, un estar que no se conforme con darse a medias, un sí para siempre suena con fuerza en el alma, conmueve; es el grito de nuestras entrañas. Queremos amar siempre, sin descanso, da igual la hora del día en la que Dios venga a nuestro encuentro, lo maravilloso será si somos capaces de seguir sus pasos, de decirle que sí para siempre. En ese momento único del encuentro se decide la hondura de nuestra vida. (Del texto del Padre Carlos Padilla, en Religión en libertad, 21/09/2014.) 

“Jesús, llegaste a mi vida, me llamaste por mi nombre. Quieres que trabaje en tu viña, dime qué quieres que haga. Estoy dispuesta para hacer lo que quieras, solo dime Señor ¿Cómo puedo hacer tu voluntad en mí?”

 

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