Martes, 23 Enero 2018

El amor divino y el amor humano

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 08 Septiembre 2015 10:57
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Todos tenemos nuestros amores, nuestras rocas sobre las que se construye nuestro camino. Todos amamos a Dios y a los hombres de forma muy concreta. Ese amor humano está tan unido al amor a Dios, que no queremos separarlos. El amor humano y el divino se unen de forma única, una misma raíz. El amor humano permanece en mi amor a Dios.

Pensando en el amor de Jesús, me pregunto: ¿Sería capaz de entregar todo lo que amo por amor a Dios, por seguir sus pasos, por ser su amigo? Pienso que me costaría mucho. El corazón ama, echa raíces, quiere poseer y retener. Así suele ser en la vida. Jesús vivió lo que nosotros vivimos. Amó hasta el extremo. Su vida consistió en amar y en hablar al hombre del amor de Dios. De ese Dios que nos ama con locura. No hay nada, ni nadie que nos pueda separar de Él. Vendrá a buscarnos cada día. Nuestro nombre está inscrito en su corazón.  

Hoy Jesús nos llama amigos, -amigo- significa tener una relación de igual a igual, eso significa mucho, somos amigos de Jesús, Él es nuestro amigo, lo comparte todo con nosotros, confía en nosotros. Somos libres ante Él, no somos sus esclavos. En cada paso de mi vida soy libre para darlo sin Dios o de su mano. Para amar o rechazar el amor. Él cuenta conmigo, con mi amor. ¿Y yo con Él? ¿Le considero mi amigo? ¿Le hablo con confianza y sin miedo? La amistad es una de las relaciones más desinteresadas que hay. El amigo verdadero siempre está y no pide nada, aguanta, responde siempre. Si no le hago caso en tiempo no me recrimina, respeta mis tiempos, el que seamos diferentes.  

Doy gracias a Dios por mis amigos. Me conmueve que hoy Jesús me llame amigo antes de morir. De nuevo me muestra su corazón humano que necesita y da reposo. Jesús nos pide hoy que nos amemos: “Os mando que os améis unos a otros”. (De la homilía del P. Carlos Padilla, en Religión en Libertad, 10/05/2015.) 

“Señor, ayúdame a amar a mis hijos, a mis nietos y a todos mis hermanos por ti y en ti, a que en la entrega de mi amor no haya nada de conveniencia ni de egoísmo, que sea capaz de darme de la misma forma que tú lo hiciste…”

 

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