Martes, 23 Enero 2018

El pan de la Eucaristía

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 11 Agosto 2015 11:57
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Sin fe es imposible entender, valorar y acercarse al banquete donde se nos sirve el pan de vida eterna, que es Jesús.

Cristo nos pide fe para creer que Él es el verdadero pan de vida que Dios envía a la humanidad con el fin de que sacie su hambre. El que crea en Él tendrá la vida eterna.

La fe puede pasar por momentos duros, como le pasó al profeta Elías, huyendo de las amenazas de muerte, es vencido por el miedo y la depresión. Esta imagen del profeta, tocando los límites de la existencia, resulta entrañable y conmovedora. No menos conmovedores son los cuidados de Dios hacia el profeta, brindándole comida y aliento por medio de un ángel. Ya en el desierto, la huida de Elías se convierte en peregrinación hacia el Horeb, la montaña de Dios. Elías parece desandar el camino del pueblo en busca de los orígenes de la fe.

Para acercarnos y gustar del pan de la Eucaristía tenemos que vencer todos los obstáculos desde la fe y confianza en Dios. Dios le dio a Elías pan para comer, y lo llenó de energía. Así también a nosotros en la Eucaristía.

El Evangelio nos invita a purificar la fe de los obstáculos mentales. La gente, que ha seguido a Jesús hasta ahora más por interés propio que por fe, lo empieza a criticar. No están listos para creer y seguir sus palabras cuando les reprocha su prudencia humana y sus ideas preconcebidas. No es extraño a nuestra propia experiencia, tendemos también a elegir lo que nos gustaría o no nos gustaría creer. Jesús deja bien claro que la fe es un regalo de Dios: “Nadie puede venir a mí si mi Padre que me envió no lo atrae”.

Y así con la fe robustecida y purificada, estamos preparados para comer de este pan y nuestra alma tendrá vida; creceremos en fe, esperanza, amor a Dios; amor, justicia y solidaridad con los demás. Si comemos el Cuerpo de Cristo, no moriremos para siempre; viviremos eternamente, pues la Eucaristía es prenda de la gloria futura.

La Eucaristía también es prenda de la gloria final. El que la recibe como corresponde, vivirá para siempre. No quiere decir, lógicamente, que la recepción de la Eucaristía nos ahorre la muerte corporal. Nosotros comulgamos con frecuencia, y a pesar de todo un día moriremos. Se trata de la muerte espiritual, de la muerte eterna. El Pan que desciende del cielo nos libra de esa muerte y nos da la vida que no perece. Todo alimento nutre según sus propiedades. El alimento de la tierra alimenta para el tiempo. El alimento celestial, que es Cristo, pan bajado del cielo, alimenta para la vida eterna. (Del texto del P. Antonio Rivero L. C., en Zenit.org, 04/08/2015.)

“Gracias Jesús por tu Eucaristía que no sólo me acompaña en mi peregrinación al cielo, sino que, en cierto modo, ya desde ahora siembra algo de “cielo” en mi interior. Señor, dame conciencia de que en la Sagrada Comunión te recibo a ti resucitado y glorioso y me aplicas el fruto de tu Pasión y me comunicas el germen de tu resurrección…”

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