Martes, 23 Enero 2018

Corrección fraterna

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Lunes, 03 Agosto 2015 12:40
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En el Evangelio, Jesús advierte a quienes ven la paja en el ojo del hermano y no reparan en la viga que está en su propio ojo. Comentando este pasaje, el Papa Francisco retoma el asunto de la corrección fraterna. En primer lugar, el hermano que se equivoca debe ser corregido con caridad. No se puede corregir a una persona sin amor y sin caridad. No se puede hacer una intervención quirúrgica sin anestesia, porque el enfermo morirá de dolor. Y la caridad es como una anestesia que ayuda a recibir la cura y aceptar la corrección. Apartarlo, con mansedumbre, con amor y hablarle.

En segundo lugar, es necesario hablar con la verdad. Cuántas veces en nuestras comunidades se dicen cosas de otras personas que no son verdaderas, son calumnias. O si son verdad, se arruina la fama de esa persona. Por eso, los chismorreos hieren, los chismes son bofetadas al corazón de una persona. Ciertamente, cuando te dicen la verdad no es bonito escucharla, pero si se dice con caridad y con amor es más fácil aceptarla. Por tanto, solo se debe hablar de los defectos de los otros con caridad.

El tercer punto es corregir con humildad. Si debes corregir un defecto pequeño en tu hermano, piensa primero, que los tuyos son mucho más grandes.

La corrección fraterna es un acto para curar el cuerpo de la Iglesia. Hay un agujero, ahí, en el tejido de la Iglesia que es necesario coser de nuevo. Y como las madres y las abuelas, cuando cosen, lo hacen con mucha delicadeza, así se debe hacer la corrección fraterna. Si no somos capaces de hacerlo con amor, con caridad, en la verdad y con humildad, cometemos una ofensa, una destrucción del corazón de la persona, se hace un chismorreo más, que hiere y nos convierte en un ciego hipócrita, como dice Jesús: “Hipócrita; quita primero la viga de tu ojo… Hipócrita; reconoce que eres más pecador que el otro, pero que tú, como hermano debes ayudar a corregir al otro”.

Donde está el Señor está siempre la cruz, el Señor es siempre el amor que nos lleva, la mansedumbre. No hay que jugar a ser jueces; los cristianos tenemos la tentación de ser como los doctores: salir del juego del pecado y de la gracia como si nosotros fuéramos ángeles. Pablo dice: “Que no suceda que después de haber predicado a los otros, yo mismo sea descalificado”. (De la homilía del Papa Francisco, 12/09/2014.)

“Señor ayúdame en este servicio fraterno, tan necesario y tan doloroso, de ayudar a mis hermanos a ser mejores. Ayúdame a hacerlo siempre con caridad, en verdad y con humildad. Que mi hermano al que me acerco perciba que no lo juzgo, que me acerco a él como un pecador. Jesús mío, qué difícil es, en este mundo en el que vivo, donde parece que todo está permitido; donde todos actuamos según nuestros gustos; decirle a mi hermano que lo que hace no está bien. Es tan fácil quedarme callada y voltear mi mirada hacia otra parte. Señor dame la sabiduría, la humildad, la caridad que necesito y por favor ayúdame a dar un buen ejemplo, a vivir siguiendo tus pasos. Señor, quédate conmigo…”

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