Martes, 23 Enero 2018

El dolor no es capaz de apagar la esperanza en lo más profundo del corazón

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Jueves, 16 Julio 2015 13:03
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"No tengo mucho para ofrecerles, pero lo que tengo y lo que amo, quiero dárselos y compartirlo: Jesucristo, la misericordia del Padre." Papa Francisco.

Jesús vino a mostrarnos, a hacer visible el amor que Dios tiene por nosotros. Un amor activo, real. Un amor que tomó en serio la realidad de los suyos. Un amor que sana, perdona, levanta, cura. Un amor que se acerca y devuelve la dignidad. Una dignidad que la podemos perder de muchas maneras y formas. Pero Jesús es un empecinado de esto, dio su vida para devolvernos la identidad perdida. 

Pedro y Pablo, discípulos de Jesús estuvieron presos, fueron privados de la libertad. En esa circunstancia hubo algo que los sostuvo, algo que nos los dejó caer en la desesperación, en la oscuridad que puede brotar del sin sentido. Fue la oración, personal y comunitaria. Ellos rezaron y por ellos rezaban. Dos movimientos, dos acciones que generan entre sí una red que sostiene la vida y la esperanza. Nos sostiene de la desesperanza y nos estimula a seguir caminando.  

Porque cuando Jesús entra en la vida de uno, no nos quedamos detenidos en su pasado sino que comenzamos a mirar el presente de otra manera, con otra esperanza. Uno comienza a mirar con otros ojos su propia persona, su propia realidad. No queda anclado en lo que sucedió, sino que es capaz de llorar y encontrar ahí la fuerza para volver a empezar. Y si en algún momento estamos tristes o nos sentimos deprimidos; les invito a mirar el rostro de Jesús crucificado. En su mirada, todos podemos encontrar espacio. Todos podemos poner junto a Él nuestras heridas, nuestros dolores, así como también nuestros pecados. En sus llagas, encuentran lugar nuestras llagas, para ser curadas, lavadas, transformadas, resucitadas.

El murió por nosotros, por mí, por ti; para darnos su mano y levantarnos.... Jesús quiere levantarnos siempre. Esta certeza nos moviliza a trabajar por nuestra dignidad. Reclusión no es lo mismo que exclusión, porque reclusión forma parte de un proceso de reinserción. El pecado no nos excluye, Jesús nos da la esperanza de reincorporarnos en la gracia divina, Él siempre está dispuesto a perdonarnos, pero tenemos que  luchar, esforzarnos, arrepentirnos y pedir perdón;  por eso no podemos dar todo por perdido. Hay cosas que hoy  podemos hacer, él siempre nos está esperando. (De la homilía del Papa Francisco, ante los reclusos en Bolivia, 9/07/2015.)

 

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