Sábado, 20 Enero 2018

Cena Pascual

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Lunes, 22 Junio 2015 12:53
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Faltaban dos días para la Pascua. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prender a Jesús con engaño y matarlo... Éste es el contexto en que se ubica el Evangelio que relata el momento en que Jesús instituye la Eucaristía.

Este hecho tuvo lugar en el curso de la cena pascual con sus discípulos. En ese momento su muerte estaba ya decretada. Los sacerdotes y los escribas habían decidido: “Durante la fiesta no, no sea que haya alboroto en el pueblo…” Dios, en cambio, tenía decidido que su muerte en la cruz ocurriera precisamente durante la fiesta, a la misma hora en que los corderos pascuales eran inmolados para ser comidos esa noche durante la cena.

Jesús consumó la cena pascual con sus discípulos un día antes de su muerte y de la Pascua judía. En el curso de esa cena Jesús iba a dejar claro que su muerte en la cruz sería un sacrificio ofrecido por la salvación del mundo; que la verdadera Pascua sería la inmolación de su cuerpo en la cruz con derramamiento de toda su sangre.

La Pascua se celebraba ofreciendo en sacrificio un cordero que luego se comía en memoria de los hechos salvíficos obrados por Dios a favor de su pueblo. Esto es lo que había que preparar.

“¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos...? le preguntaron a Jesús; las instrucciones que da revelan la importancia que Él concede a esa celebración con sus discípulos. Envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: el Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos? Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros. Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua. Todo estaba ya dispuesto por el mismo Jesús. Su preocupación revela la extrema importancia que Él da a esta preparación.

La Pascua de la que Jesús habla, la que Él va a establecer, es una cena que crea una comunión con Él, todos los que participan son uno con Jesús. Rara vez Jesús usa el pronombre personal “nosotros”, donde Él aparezca unido con otros. Aquí lo usa y lo subraya, precisamente en vistas de lo que tiene preparado.

Llega el momento culminante de la cena. Mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: “Tomad, éste es mi cuerpo”. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se las dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: “Ésta es mi sangre de la alianza, que es derramada por todos”. Cuerpo y sangre indica la totalidad de la persona.

Es su cuerpo entregado –tomad- y su sangre derramada, para indicar que son materia de un sacrificio. Es como decir: Este pan y este vino soy Yo mismo, pero en estado de víctima sacrificial ofrecida a Dios. De esta manera anunciaba su muerte y la declaraba un sacrificio.

Por eso podemos afirmar: ¡Jesús es el verdadero cordero pascual! Jesús da a sus discípulos su cuerpo a comer y su sangre a beber para establecer con ellos la comunión más estrecha posible: comunión en la misma vida divina que Él posee.

Así los discípulos pudieron entender las palabras que Jesús había dicho mucho antes en la sinagoga de Cafarnaúm: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él”. Pudieron entender la alegoría que esa misma noche les propuso: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”.

Así entendemos nosotros que el efecto último de la Eucaristía es la unidad de la Iglesia; la Eucaristía hace uno a todos los que de ella participamos, aunque estemos separados en el tiempo y el espacio, como lo explica San Pablo: “El pan que partimos, es comunión con el cuerpo de Cristo, porque uno solo es el pan, aun siendo nosotros muchos, un solo cuerpo somos, pues todos participamos del mismo pan”. Este es el tema principal de la última encíclica del Santo Padre Juan Pablo II que tiene el significativo título: “Ecclesia de Eucharistia” (La Iglesia nace y vive de la Eucaristía). Por eso la Iglesia celebra el misterio que le da viva; a ella y a cada uno de los cristianos.(Del texto de Felipe Bacarreza Rodríguez, Obispo Auxiliar de Los Ángeles (Chile)).

“Señor Jesús, sé que me amas y creo firmemente que estás verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas, te bendigo, te adoro, te doy gracias…quédate conmigo Jesús, no me abandones nunca…”

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