Sábado, 20 Enero 2018

El cuerpo y sangre de Cristo

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 16 Junio 2015 11:12
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Jesús nos deja lo más humano: su cuerpo y su sangre. A veces lo más humano es lo más sagrado. Su humanidad, que podemos tocar, recibir, mirar, es el signo de amor más grande de un Dios escondido en lo pequeño. De un Dios que se hizo caminante, uno de nosotros, para tomarnos. Para hablarnos con voz humana del amor de Dios. Para tocarnos, con manos humanas, y mostrarnos las caricias de Dios. Jesús nos entrega su cuerpo. Ese cuerpo que amó de forma tan humana, con el que acarició y abrazó. Miró y acogió. Ahora lo entrega. Se entrega a sí mismo. Su cuerpo y su sangre.

Jesús ama nuestra carne. Ama nuestro cuerpo. Y se queda en ese cuerpo para que tengamos un alimento permanente. Su cuerpo es verdadera comida. Su sangre es verdadera bebida. Cada vez que comulgamos nos asemejamos en algo más a Jesús. Es el misterio de la comunión. Nos hacemos uno con Cristo. Nos parecemos más a Él. El sacerdote, cada Eucaristía, pronuncia estas palabras. Lo hacemos con asombro, conmovidos al experimentar nuestra pequeñez y la grandeza de lo que ocurre. Nos hacemos otros Cristos, conociendo la desproporción que hay entre nuestra vida y la de Cristo. Es el momento en el que más nos parecemos a Cristo. Nos cuesta entenderlo. Nos vemos tan humanos.

Jesús no escatimó el tiempo ni el esfuerzo. Se dio por entero en su vida a los más pobres, a los enfermos, a los más necesitados. Vivió desgastándose sin miedo, sin límites. Jesús, amándonos en su cuerpo, dignificó nuestro cuerpo humano. Lo hizo en la vida. Y lo hace de nuevo cada vez que comulgamos. Le da un valor eterno a nuestro cuerpo caduco. ¡Qué importante cuidar y respetar la dignidad de mi cuerpo y del cuerpo de las personas a las que quiero! El cuerpo es sagrado.

Jesús consagra nuestro cuerpo. Lo hace divino con su vida, con su presencia cada día entre nosotros. Jesús fue cuerpo y quiso quedarse en su cuerpo. Se amó a sí mismo en su cuerpo para que aprendiéramos nosotros a amarnos en nuestro cuerpo limitado. A veces despreciamos lo humano. Sobrevaloramos lo espiritual. Como si lo único sagrado de nuestra vida tuviera que ver con el alma. No, Jesús entregó su cuerpo para que aprendiéramos a entregar el nuestro. Lo humano es sagrado en Jesús. Todo tiene que ver con Él. (Del texto del P. Carlos Padilla en Religión en Libertad, 07/06/2015.)

“Señor Jesús, tu cuerpo, tu sangre, tu alma y tu divinidad está en la Eucaristía. ¿Cómo puedo olvidar a veces esta verdad y tenerte abandonado días y días? Perdóname Señor y ayúdame a ser mejor cada día, a vencer mis defectos, a superar mis miedos y a amarte más y más...”

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