Sábado, 20 Enero 2018

El amor verdadero vive de la entrega

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 16 Junio 2015 11:08
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“Para quien conoce el mundo del amor sabe que el amor vive del sacrificio y que el sacrificio alimenta al amor. Ésta ha sido desde siempre una ley inalterable en el reino del amor de Dios”P. Kentenich.

El amor verdadero se hace fuerte en la renuncia. Jesús no nos pide que ofrezcamos sacrificios propios de la antigua alianza. El sacrificio que Dios nos pide es la entrega de nuestro corazón, de nuestro cuerpo y de nuestra alma.El pasaje de la última cena nos lo recuerda: “…Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: - Tomad, esto es mi cuerpo. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron…” Esa noche que tanto tiempo llevaba esperando supuso el momento de entrega total.

El amor que no se entrega, se pierde. El amor verdadero vive del sacrificio y de la renuncia. En todo amor auténtico hay renuncia. Renuncia a mis propios deseos y planes. Renuncia a mi paz, a mi descanso, a mi propia vida, a mis horarios. El amor se parte, se entrega. El cuerpo y el alma. Jesús nos enseña un amor que parece imposible. Partir la vida. Partirnos por amor a los demás. La última cena refleja el amor hasta el extremo, el amor que renuncia entregando la vida.

Jesús vivió y murió renunciando y amando. Nunca amó tanto como esa noche, con los suyos. Perdonó a todos. Se entregó por todos. El signo que tantas veces hizo, tomar el pan, partirlo, bendecirlo y repartirlo. Ese signo hoy tiene un significado nuevo. Es Jesús mismo. Él es tomado por el Padre, es bendecido por el Padre, es entregado a los hombres por amor. 

A veces nos encontramos con nuestro egoísmo y comodidad. Vivimos pensando en lo que los demás nos deben, en lo que nos merecemos, en lo que es justo. Damos y calculamos. Esperamos con frecuencia más de lo que entregamos. Y la vida nos defrauda. Las expectativas quedan incumplidas. ¡Cuánto nos cuesta renunciar a lo que nos gusta, a lo que nos hace bien! Sacrificar nuestra voluntad a veces tan enferma. Esa voluntad dañada que sólo piensa en la propia satisfacción de las necesidades. Nunca es bastante. Siempre queremos más. Sin embargo, cuando damos, siempre decimos que es bastante, que ya no podemos más, que nos merecemos el descanso. Y así nos “aburguesamos” tan fácilmente. El amor verdadero exige renuncia y sacrificio. Piensa en el bien común y no en el bien propio. (Del texto del P. Carlos Padilla en Religión en Libertad, 07/06/2015.)

“Señor Jesús, ¿por qué me siento insatisfecha? Cuando doy, siempre espero recibir. Y luego, valoro lo que yo doy en mucho, y no veo el esfuerzo que los demás hacen para darme. Por favor, ayúdame a dar sin esperar, ayúdame a darme por entero…enséñame a amar como tú amas…”

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