Martes, 23 Enero 2018

El Espíritu Santo

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 16 Junio 2015 11:04
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“Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas y conduce la Iglesia hacia la verdad completa, y a las almas de los hombres hacia la santidad, siempre y cuando le hayan abierto la puerta y dado posada como Huésped divino…”

El Espíritu Santo tiene larga biografía en el Antiguo y Nuevo Testamento. Desde la primera página del Génesis ya se nos dice de la existencia eterna del Espíritu que “aleteaba sobre las aguas”. Él fue quien equipó de fe al patriarca Abraham y le envió de misionero a tierras idolátricas; equipó de fuerza a Sansón, de astucia a Judith. El Espíritu Santo hizo visionario de futuros a Isaías que anunció la encarnación de Dios; el que ungió a David como rey; el que inspiró a Ezequiel la promesa de Dios de quitarnos el corazón de piedra y ponernos un corazón espiritual. Y digamos algunos episodios del Nuevo Testamento para no hacerlo largo: el Espíritu Santo convence a María de Nazaret a que sea madre de Dios; y conduce a Jesús al desierto; el que contagia y reviste a los apóstoles de osadía y fuerza para ir por todo el mundo a predicar el evangelio, testimoniando su fe con su sangre. ¿Habría mártires sin el Espíritu Santo? ¿Habría vírgenes que se consagrarían a Cristo en cuerpo y alma? ¿Habría hombres que dejarían todo para configurarse con Cristo, Cabeza y Pastor? ¿Habría laicos bien comprometidos con la causa de la Iglesia y de la evangelización sin el Espíritu Santo? Por tanto, el Espíritu Santo es el protagonista de la historia sagrada y eclesial. El Espíritu Santo dirige los destinos de la Iglesia por los siglos y siglos.

Por eso, quiero reafirmar mi fe profunda y sólida en el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo: espíritu de justicia, dignidad, verdad, santidad, gracia. Y porque lo necesito, yo creo en el Espíritu de la Iglesia con su programa de amor contra el egoísmo campante, avasallador y pagano; de la verdad eterna contra el error vocinglero y ensordecedor; de la virtud contra el pecado demoledor y camuflado. Yo creo en el Espíritu de Dios, que cada mañana habla con mi espíritu de hombre y le aconseja, le corrige, le insinúa, le manda, le prohíbe, le tonifica, le enseña a tasar y discernir bien estas cosas del corazón, el cuerpo, las lágrimas y las risas, de los estados terminales del alma, la gloria, la eternidad y Dios. (Del texto del P. Antonio Rivero, L.C. en Zenit.org, 24/05/2015.)

“Oh Espíritu Santo, amor del Padre y del Hijo, inspírame siempre lo que debo pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, cómo debo actuar, lo que debo hacer, para gloria de Dios, bien de las almas y mi propia santificación. Espíritu Santo, dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar. Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar…”

 

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