Sábado, 20 Enero 2018

Aceptar la viña que Dios con confía

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 19 Mayo 2015 12:10
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Es importante alegrarnos con la vida y el lugar en donde estamos. Es un regalo estar en la viña. Es la alegría de construir el Reino de Dios. Se trata de aprender a estar donde estamos, a donde hemos sido llamados. “Quien quiera mantenerse firme en medio de la tempestad de la época y hacerse fuerte como un roble, ha de unir indisolublemente a Dios las raíces de su alma” P. Kentenich. Aprender a echar raíces donde Dios nos ha puesto. Unidos a su corazón de Padre. Porque la viña es nuestro hogar, nuestra familia, nuestra tierra, el trabajo que ahora nos toca.

Muchas veces no es fácil compaginar horarios poco humanos con una vida familiar sana, todos quisiéramos un trabajo con sentido, un trabajo que tenga trascendencia, que deje huella, un trabajo en el que poder hacer algo por los demás. Pero muchas veces, también hay inmadurez, incapacidad para tomar la vida en nuestras manos, con fuerza, con pasión, con esperanza. Nos cuesta aceptar la realidad en toda su belleza.

Es lo que nos dice Jesús al hablarnos de la viña. La viña es nuestra vida, nuestro lugar. De nosotros depende vivirla con alegría o con frustración. Un hombre va feliz mirando por la ventana de un tren lo que Dios le regala; otro, en otra ventanilla, ve sólo un paisaje nublado, sin luz, sin vida. De nosotros depende en qué ventanilla nos sentamos. Cada mañana al levantarnos hacemos la misma elección. Hay cosas que no podemos cambiar. Son así, nos han sido dadas. Pero siempre esas cosas que tenemos ante nosotros, esas cosas que nos gustaría tal vez cambiar, las podemos volver a elegir siempre de nuevo, cada mañana. Eso sí que está en nuestras manos.

El verbo estar le da a la vida un carácter permanente y estable; estamos en familia, en nuestro camino vocacional, en nuestro trabajo. Somos de ese lugar en el que estamos. Somos lo que somos allí mismo.

¡Qué paz da saber que hay personas en nuestra vida que están, que no se van a ir, que permanecen! Son rocas sobre las que construimos. Columnas de nuestra vida. De nosotros depende ser roca o viento, columna o arena en la playa. Podemos permanecer o irnos, siempre podemos decidir no estar y escaparnos. Podemos optar por otro camino. Pero lo más difícil siempre es abrazar esa viña que Dios nos confía con alegría. Mirando por la ventanilla correcta. Descubriendo la belleza que tiene todo lo que se nos confía. Estando allí, permaneciendo, como una roca. (Del texto del P. Carlos Padilla, 21/09/2014.)

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