Sábado, 20 Enero 2018

El Misterio de la Ascensión

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 19 Mayo 2015 12:07
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Jesús, el mismo que vino en carne mortal, vino a la tierra para suscitar con su presencia nuestro amor. Y después se ha ido para que lo busquemos con nostalgia, como un imán que necesita tomar distancia para poder atraer hacia sí.

Asciende Cristo que es Cabeza de la Iglesia y con Él asciende una parte de nosotros, la humanidad que Él nos robó. Asciende con el mismo cuerpo que en su vida terrena, pero ahora glorioso. Nuestra pobre naturaleza humana se eleva sobre los ángeles al cielo con Él, al trono de Dios. También nosotros ascenderemos. Por eso este misterio glorioso es motivo de un gran gozo interior, que nos hace más llevadera la vida con sus dolores y sufrimientos.

La Ascensión, nos dice que en Cristo, nuestra humanidad es llevada a las alturas de Dios; así cada vez que rezamos, la tierra se une con el Cielo. Y como el incienso cuando se quema hace subir hacia lo alto su humo suave y perfumado, así es cuando elevamos al Señor nuestra fervorosa oración llena de confianza y que atraviesa los cielos y alcanza el trono de Dios, y es por Él escuchada y satisfecha.

Jesús asciende al Cielo, porque ya cumplió su misión en la tierra y ahora, comienza su misión de mediador sentado a la diestra de su Padre Dios. Dios Padre lo entronizó como Rey para que presida la historia desde el trono celestial. No se fue para alejarse de nuestra pequeñez, sino para que pusiéramos nuestra esperanza en llegar, como miembros suyos, a donde Él, nuestra cabeza y principio, nos ha precedido. La Ascensión no es anuncio de una ausencia, sino de una presencia. “No se ha ido para desentenderse de este mundo”. Sigue presente, con una presencia misteriosa e invisible.

Por una parte dejó tristes a los apóstoles y a nosotros, pues ya no lo veremos con los ojos corporales, pero nos dejó una tarea bien concreta: “Vayan por todo el mundo, anuncien el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará. El que no crea se condenará”. Por tanto, el misterio de la Ascensión trae consigo el mandato de la evangelización. Por tanto, aunque Cristo está sentado a la diestra del Padre, la Iglesia está en pie, de misión, con el Evangelio y la Eucaristía en las manos. De cuántos peligros nos salva el Señor y cuanta alegría nos da, a quienes llevamos su Palabra. (Del texto del P. Antonio Rivero en Zenit, para la Solemnidad de la Ascensión del Señor, 2015).

“Señor Jesús, gracias por abrirme las puertas del cielo y haber entrado con tu humanidad. Espérame a la puerta cuando también yo resucite. Que mis ojos miren siempre hacia el cielo, pero con mis pies calzados y firmes en la tierra, para llevar tu mensaje de salvación….”

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