Martes, 23 Enero 2018

Al servicio de Dios y del prójimo

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 19 Mayo 2015 11:34
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“Ay de los que se fían de Sión, acostados en lechos de marfil; comen, beben, cantan, se divierten y no se preocupan por los problemas de los demás”. Son duras estas palabras del profeta Amós, pero nos advierten de un peligro que todos corremos. ¿Qué es lo que denuncia este mensajero de Dios, lo que pone ante los ojos de sus contemporáneos y también ante los nuestros? El riesgo de apoltronarse, de la comodidad, de la mundanidad en la vida y en el corazón, de concentrarnos en nuestro bienestar.

Es la misma experiencia del rico del Evangelio, vestido con ropas lujosas y banqueteando cada día en abundancia; esto era importante para él. ¿Y el pobre que estaba a su puerta y no tenía para comer? No era asunto suyo, no tenía que ver con él.

Si las cosas, el dinero, lo mundano se convierten en el centro de la vida, nos aferran, se apoderan de nosotros, perdemos nuestra propia identidad como hombres.

Si falta la memoria de Dios, todo queda comprimido en el yo, en mi bienestar. La vida, el mundo; los demás, pierden consistencia, ya no cuentan nada, todo se reduce a una sola dimensión: el tener.

Si perdemos la memoria de Dios, también nosotros perdemos la consistencia, también nosotros nos vaciamos, perdemos nuestro rostro. Quien corre en pos de la nada, él mismo se convierte en nada. Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no a imagen y semejanza de las cosas, de los ídolos.

El bautizado debería ser el que custodia y alimenta la memoria de Dios; la custodia en sí mismo y que sabe despertarla en los demás.

La memoria de la historia de Dios con nosotros, la memoria del encuentro con Dios, que es el primero en moverse, que crea y salva, que nos transforma; la fe es memoria de su Palabra que inflama el corazón, de sus obras de salvación con las que nos da la vida, nos purifica, nos cura, nos alimenta.

El cristiano es precisamente el que pone esta memoria al servicio del anuncio; no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad. Hablar y transmitir todo aquello que Dios ha revelado. La doctrina en su totalidad. Sin quitar ni agregar.

El cristiano es aquel que lleva consigo la memoria de Dios, se deja guiar por la memoria de Dios en toda su vida y la sabe despertar en el corazón de los otros. Esto requiere esfuerzo y compromiso toda la vida.

El cristiano debería ser un hombre de la memoria de Dios si tiene una relación constante y vital con Él y con el prójimo; si es hombre de fe, que se fía verdaderamente de Dios y pone en Él su seguridad; si es hombre de caridad, de amor, que ve a todos como hermanos; si es hombre de paciencia y de perseverancia, que sabe hacer frente a las dificultades, pruebas y fracasos, con serenidad y esperanza en el Señor; si es hombre amable, capaz de comprensión y misericordia. (De la homilía del Papa Francisco, 29/09/2013.)

“Jesús, ayúdame a que nunca pierda el contacto contigo y con mis hermanos; a ponerme sin reservas en tus manos, para así poder amarte y en ti amar a los demás…”

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