Sábado, 20 Enero 2018

El mandamiento del amor

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 19 Mayo 2015 11:31
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El Evangelio nos vuelve a llevar al Cenáculo, donde escuchamos el mandamiento nuevo de Jesús: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. Y pensando en el sacrificio de la cruz ya inminente, añade: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”.

Estas palabras resumen todo el mensaje de Jesús; es más, resumen todo lo que Él ha hecho: ha dado la vida por sus amigos. Amigos que no lo habían comprendido, que en el momento crucial lo han abandonado, traicionado y renegado. Esto nos dice que Él nos ama aun no siendo merecedores de su amor. De este modo, Jesús nos muestra el camino para seguirlo, el camino del amor.

Su mandamiento no es un simple precepto que permanece siempre como algo abstracto o ajeno a nuestra vida. El mandamiento de Cristo es nuevo, porque Él, en primer lugar, lo ha realizado, le ha dado su cuerpo, y así la ley del amor es escrita una vez para siempre en el corazón del hombre. Y está escrita con el fuego del Espíritu Santo. Y con este mismo Espíritu que Jesús nos da, podemos caminar también nosotros por este camino. Es un camino concreto, un camino que nos conduce a salir de nosotros mismos para ir hacia los demás.

Jesús nos ha mostrado que el amor de Dios se realiza en el amor al prójimo. Ambos van juntos. Las páginas del Evangelio están llenas de este amor: adultos y niños, cultos e ignorantes, ricos y pobres, justos y pecadores han tenido acogida en el corazón de Cristo. Por tanto, esta Palabra del Señor nos llama a amarnos unos a otros, incluso si no siempre nos entendemos, no siempre vamos de acuerdo… pero es precisamente allí donde se ve el amor cristiano. Un amor que también se manifiesta si existen diferencias de opinión o de carácter, el amor es más grande que estas diferencias.

Es un amor nuevo porque ha sido renovado por Jesús y por su Espíritu. Es un amor redimido, liberado del egoísmo. Un amor que da alegría a nuestro corazón, como dice el mismo Jesús: “Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto”. Es precisamente el amor de Cristo, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones, el que realiza cada día prodigios en el mundo. Gestos pequeños, de todos los días, gestos de cercanía a un anciano, a un niño, a un enfermo, a una persona sola y con dificultades, sin casa, sin trabajo, refugiada, que no nos simpatiza… Gracias a la fuerza de esta Palabra de Cristo, cada uno de nosotros puede estar cerca del hermano. Gestos de cercanía, de proximidad. En estos gestos se manifiesta el amor que Cristo nos ha enseñado. (De la homilía del Papa Francisco, 10/05/2015.)

“Señor Jesús, enséñame a amar como tú me amas…”

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