Martes, 23 Enero 2018

"Yo soy la Vid"

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Miércoles, 06 Mayo 2015 12:18
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La imagen de la vid es constante en la Biblia. La vid alimenta los sarmientos, les da vida y por estos corre y circula la savia. La savia transporta el alimento para los sarmientos, para que estén vivos y den fruto. Cristo es la Vid y la savia de la Iglesia, de nuestras comunidades y de nuestra alma. Y los frutos de esos sarmientos unidos a la Vid son: la caridad, la valentía en la predicación para que otros se injerten a esa Vid.

Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”, “sin mí no podéis hacer nada”, y todos entendieron. Lo entendió san Juan y san Pablo, lo repitieron muchas veces: insertados e injertados “en Cristo Jesús”, pues fuera de Él, nada.

¿Lo entendemos nosotros, colonos de la viña mística, que es la Iglesia, sarmientos vivos de la Vid inmortal, que es Cristo? ¿Nosotros, por cuyos vasos corre la savia divina, que arrastra en emulsión la gracia sobrenatural, que es la vida de Dios?

Fue el día de nuestro bautismo cuando nuestro sarmiento se unió a la Vid-Cristo. Desde ese día comenzó a fluir en todo nuestro organismo la savia divina, la vida de Dios, con los nutrientes de la fe, de la esperanza y de la caridad. Nuestro sarmiento necesita más savia, es decir, vida divina, para que crezca, se desarrolle y obtenga los tallos, las ramas, las hojas y los frutos esperados. Esta savia nos viene inyectada en la participación de los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía. Los frutos en la vida personal son las virtudes. Frutos en la vida familiar: unión, diálogo, respeto, fidelidad, educación de los hijos. Frutos en la vida profesional: honestidad, rectitud, responsabilidad.

Pero los sarmientos desprendidos de esa Vid-Cristo, morirán. El sarmiento se desprende de la Vid-Cristo cuando peca. El pecado mortal impide totalmente la irrigación sobrenatural y nos convierte en una rama seca y estéril. Las faltas veniales, las imperfecciones y mediocridades constantes son como una arteriosclerosis que endurecen poco a poco nuestro corazón por falta de irrigación, pues las arterias del alma se vuelven rígidas y gruesas, dificultando la circulación sanguínea de la vida divina.

Tiene que quedar bien claro que los sarmientos más fructíferos serán podados para que den más fruto. Es una paradoja que no podemos entender. Dios a veces la quiere y la permite. Es curioso repasar la vida de los santos, cuanto más santos, más podas y pruebas físicas, morales y espirituales tienen. Dios los poda para que den más fruto. Gracias a esa poda, caen de nosotros las ramas inútiles, los retoños que dificultaban al paso triunfal de la savia de Cristo, las hojas secas de nuestra voluntad propia, de nuestros deseos vacuos, infantiles y caprichosos.

Ante las podas, debemos de tener paciencia y mirar a Cristo que fue podado hasta el final de su vida: abofeteado, pisoteado, hecho gusano por nosotros en la cruz. Y al final dio el fruto de los frutos: la salvación eterna de la humanidad y la reconciliación con su Padre celestial. (Del texto del P Antonio Rivero en Zenit.org, V Domingo de Pascua de 2015).

“Señor Jesús, estrecha mi sarmiento a tu Vid para que cada día tu vida divina invada todo mi ser. Señor, manda tu lluvia del cielo para que siempre esté verde mi sarmiento y crezca. Señor, dame las fuerzas para no temer a la poda, a afrontar junto contigo las penas, enfermedades y adversidades; porque así me desprenderás de todo lo inútil que hay en mi vida….Jesús lléname de tu caridad para poder ofrecer a mis hermanos los frutos de mi sarmiento…”

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