Sábado, 20 Enero 2018

Amor misericordioso

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Jueves, 23 Abril 2015 10:10
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Jesús muestra cómo Dios es justo y misericordioso. Es generoso y hace con lo suyo lo que quiere. No comete injusticia con ninguno porque a cada uno le da lo pactado. Es un Dios misericordioso. A Dios le interesa cada uno y hace lo posible para llegar hasta él. Utiliza un libro, una sonrisa, un gesto de amor, una persona sufriente a nuestro lado, un milagro portentoso y repentino, una obra de arte, una casualidad aparente, un accidente, incluso se sirve de un pecado nuestro para conquistarnos.

Es la opción preferencial por cada uno, por mí, por el que está perdido, por aquel al que nadie llama, por el que no tiene dónde ir, dónde estar. Es la opción preferencial por los que llegan al final, por aquellos con los que nadie contaba en la mesa. Es la misma mirada del Padre sobre el hijo menor que vuelve a casa y le hace una fiesta al regresar arrepentido. Es la libertad de Dios y su amor incondicional. A Dios no le interesan las grandes masas, las sumas, los números, las cifras que hablan de éxitos humanos. Le interesa cada hombre, un hombre, yo mismo. Y además nos busca y nos quiere sin importarle nuestra condición. No nos contrata por nuestras cualidades, sino por la apertura de nuestro corazón.

Pero, si hablamos del amor de misericordia, ¿qué significa esto? ¡Que nos ama sin que lo hayamos merecido! Y esto no lo podemos dejar nunca de tener en cuenta en nuestro pensamiento. Pues ¡cuán frecuentemente nos experimentamos en nuestras debilidades, en nuestras pequeñeces! ¡Cuán frecuentemente experimentamos la grieta que existe entre el ideal y la realidad! Si Dios es el amor misericordioso, podemos con pleno sentido concluir: nuestra miseria es el más poderoso imán para poner en movimiento la misericordia divina. Dios busca a cada uno porque es bueno y misericordioso. Lo busca allí donde se encuentra, con sus miedos y vacilaciones, con sus debilidades y limitaciones. Dios me necesita a mí, me va a buscar a mí y me paga por ello lo que Él quiere. Dios es libre para repartir como quiera lo que tiene. Un denario parece justo. Nos lo da todo. ¿Cuál es el denario en mi vida? ¿Cómo me paga por mi entrega? El denario es paz, alegría del corazón. Es la satisfacción por la vida que merece la pena. Es la sonrisa de alguien agradecido, una palabra de ánimo, un momento de paz al final del día. (Del texto del P. Jesús Padilla, 21/09/2014).

“Ahora que celebramos al Señor de la Misericordia, me pongo en sus manos, me acojo a su misericordia para que su alma me santifique, me salve por los méritos de cuerpo flagelado, lave mis pecados con el agua divina de su costado y me reconforten los sufrimientos de su pasión. ¡Oh Jesús mío! óyeme, deja que esconda mis miedos y temores en tus llagas; quédate siempre a mi lado, no permitas que me separe de ti ni un instante”.

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