Sábado, 20 Enero 2018

Canto de alabanza y gloria por la resurrección

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Jueves, 09 Abril 2015 19:00
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Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas de las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto. Por eso, todo el universo se alegra, al estar incluido en la primavera de la humanidad, que se hace intérprete del callado himno de alabanza de la creación. El aleluya pascual, que resuena en la Iglesia peregrina en el mundo, expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.

En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra. A esta invitación de alabanza que sube del corazón de la Iglesia, los cielos responden al completo: la multitud de los ángeles, de los santos y beatos se suman unánimes a nuestro júbilo. En el cielo, todo es paz y regocijo. Pero en la tierra, lamentablemente no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias.

Pero Cristo resucitado camina delante de nosotros hacia los cielos nuevos y la tierra nueva, en la que finalmente viviremos como una sola familia, hijos del mismo Padre. Él está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Vayamos tras Él en este mundo lacerado, cantando el Aleluya. En nuestro corazón hay alegría y dolor; en nuestro rostro, sonrisas y lágrimas. Así es nuestra realidad terrena. Pero Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Por eso cantamos y caminamos, con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo. (De la homilía del Papa Benedicto XVI, el Domingo de Pascua de 2010.)

“Señor que puede mi alma añadir a este canto de esperanza, solo releerlo, meditarlo y levantar mis ojos al cielo para alabarte, bendecirte, glorificarte y agradecerte por haberme llamado a ser tu hija…Ayúdame Jesús a no perder tu gracia y a no apartarme de ti…”

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