Sábado, 20 Enero 2018

Adoración a la materia

Written by  Cuca Ruiz Published in 1 minuto para Dios Lunes, 23 Febrero 2015 18:00
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Una de las causas por las que el mundo se encuentra en crisis, es la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades.

La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro, ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.
Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Además se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a absorber todo con el fin de acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.
Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado. La ética permite crear un equilibrio y un orden social más humano. ¡El dinero debe servir y no gobernar! Tenemos la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos y promocionarlos. (De la encíclica del Papa Francisco, Evangelli Gaudium).
"¿En qué o en quién pongo mi corazón, mis ilusiones, mis intereses? ¿Por qué me muevo, me afano, me inquieto? ¿Me doy cuenta de que el Evangelio es una llamada constante a la austeridad y sencillez de vida y de contentarse con pocas cosas? Cuando voy de compras, ¿caigo en la tentación de comprar lo que no necesito? ¿Confío de verdad en el Señor? ¿Busco los intereses de su Reino, de su justicia? ¿Me comprometo a disfrutar de la vida sanamente, a descubrir la sencillez en todos los aspectos de mi vida?
Señor, me doy cuenta de que pongo el corazón en cosas que no me llenan. Busco satisfacciones donde no las puedo conseguir y que no me van a dar la paz interior. Ayúdame a revisar constantemente mi estilo de vida. A formular una escala de valores, para que sea según tu plan de salvación, Señor, que lo primero que busque es estar a tu lado".

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