Sábado, 20 Enero 2018

El mensaje de San Juan Bautista

Written by  Cuca Ruiz Published in 1 minuto para Dios Lunes, 22 Diciembre 2014 18:00
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El profeta Isaías y San Juan Bautista nos dicen que es urgente preparar el camino de nuestro corazón para recibir a Cristo. Esto supone una lucha contra el pecado y un inmenso trabajo por la santidad para llevar una vida sin mancha ni reproche. San Juan Bautista al hablar así tan fuerte y convencido, sacudió las columnas de la religión y los corazones de los hombres, y los nuestros.

No podemos negar que San Juan Bautista, cada año sale al paso en el Adviento. Y su mensaje: para preparar los caminos al Señor. Los caminos de la conciencia, para limpiarla de tanto hollín acumulado por el pecado. Los caminos de la mente, para que se abra a los criterios de Dios, y no vaya por ahí destilando ideas liberales y opuestas a su palabra salvífica en el campo de la moral familiar, sexual y doctrinal que rozan a ambigüedad, cuando no a herejía. Los caminos de la afectividad, para que esa fuerza poderosa que tenemos ame a Dios sobre todas las cosas y al prójimo, por encima del egoísmo, los apegos y los cacareos turbios. Los caminos de la voluntad, para que siempre se elija en la libertad y amor lo que Dios pide para nuestra felicidad temporal y salvación eterna, aunque exija sacrificio, renuncia y tascar el freno al capricho y veleidad.

Durante su corta vida sólo habló de las tres cosas que preocupan a los hombres y mujeres de todos los siglos, razas, culturas, religiones, continentes: primero, que somos malos; segundo, que tenemos que ser buenos; y tercero, que debemos reconciliarnos con Dios. Tres verdades: pecado, arrepentimiento y reconciliación.

Si hoy volviera Juan Bautista con esa palabra afilada y esa vida, ¿no sería anacrónico? ¿Sería bien recibido, cuando no le interesa el dinero, ni el bienestar ni la comodidad ni el placer. No tengo la menor duda de que, si hoy volviera, con él marcharíamos todos. Porque bien miradas las cosas, si algo buscan los hombres hoy es la autenticidad y él fue auténtico; bravura, y él fue bravo; toque divino y él era un tocado de Dios; visionario de trascendencias divinas y él lo era. (Del P. Antonio Rivero, L.C. en Zenit.com, el 07/12/2014).

"Señor, reconozco tu infinita misericordia. Reconozco mis inmensos pecados y te pido que los perdones empapándome con la sangre de tu hijo Jesucristo. Sólo así, Señor, tendré mis caminos preparados para cuando tú vengas en esta Navidad y pueda yo abrirte mi puerta y puedas cenar conmigo y yo contigo".

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