Sábado, 20 Enero 2018

El pecado convierte a los hombres en cómplices

Written by  Cuca Ruiz Published in 1 minuto para Dios Lunes, 27 Octubre 2014 18:00
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El pecado convierte a los hombres en cómplices unos de otros, hace reinar entre ellos la concupiscencia, la violencia y la injusticia.

Estos pecados que crean situaciones sociales e institucionales son totalmente contrarios a la bondad divina. En consecuencia, inducen a sus víctimas a cometer a su vez el mal sin que se den cuenta, es como un mal expansivo. Constituyen el "pecado social" con enormes repercusiones que podemos constatar hasta el día de hoy, de tal forma que nuestra sociedad está viviendo tantas diferencias extremas, así como una indiferencia total hacia lo que le ocurre al ser más próximo y con un costo de reparación muy alto para todos.
La implicación del pecado de omisión se comprende mejor si nos remontamos a la Alemania Nazi en la que no todos fueron responsables directos por las muertes de muchos inocentes pero sí fueron co-responsables de la omisión de su actuación. Permitieron la intervención directa del demonio dando rienda suelta a sentimientos de odio, rencor, venganza que han sido muy difíciles de erradicar. Es justamente la Iglesia, que somos todos los bautizados, la que pretende eliminar estas conductas de inconsciencia del ser humano y ofrece un auténtico cambio a través del conocimiento de sí que reivindique la dignidad humana creada a imagen y semejanza de Dios.
El pecado de omisión es uno de los grandes pecados a combatir. Resulta muy costosa para una sociedad la falta de formación en sus integrantes. Como sociedad debemos de entender que la pérdida de una jerarquía de valores correcta, la pérdida de tiempo y la ignorancia son lujos que no nos podemos permitir. El precio que se paga por esto es muy alto.
No somos seres individuales individualistas. Somos seres individuales, interdependientes, pertenecientes a un todo. Debemos de ser conscientes que cada una de nuestras decisiones, o la falta de las mismas afectan a los demás y que todo lo que ocurre en el mundo, si bien no somos responsables directos, sí somos co-responsables. Por lo cual, no debemos permitir el uso y el abuso que se está haciendo de las personas, de que la gente se esté muriendo de hambre, que existan las guerras, los maltratos a la naturaleza, asesinatos, robos, abortos, etc.

El pecado crea una facilidad para el pecado, engendra el vicio por la repetición de actos y de aquí se derivan inclinaciones desviadas que oscurecen la conciencia, la van haciendo cada vez más permisiva, mas difícil de recuperar, se da en el interior de la persona una serie de confusiones que llega a perder el rumbo de su vida y la manera de dirigirlo, corrompen la valoración concreta del bien y del mal, tiende a reproducirse y a reforzarse, pero no al grado de llegar a destruir el sentido hasta su raíz. (Editado de Catholic.net, 20/08/2013, José Luis Pérez Gallego).

"Señor Jesús, en el corazón del mundo actual abundaba el pecado, pero tu viniste a nosotros con la sobreabundancia de tu gracia y tu amor. Y tu gracia siempre gana, porque eres tú mismo quien te entregas, te acercas, nos acaricias, nos sanas. Y sé que los más pecadores estamos más cerca de tu divino corazón, tú nos llamas ¡Vengan, vengan a mí, que yo he venido para sanar y salvar!
Señor, por favor ábrenos los oídos para que podamos escucharte, danos la gracia para poder seguirte, danos la fortaleza para no fallarte".

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