Martes, 23 Enero 2018

Amor filial

Written by  Cuca Ruiz Published in 1 minuto para Dios Lunes, 27 Octubre 2014 18:00
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Jesús nos pide que nos queramos como hermanos, nos pide una mirada misericordiosa, pura y transparente.

Nos pide mirar sin juzgar. Nos pide ser capaces de ver diferencias y no indignarnos. Nos pide misericordia más que sacrificios, amor al prójimo más que golpes de pecho. Él nos lo da todo. No lleva cuentas de nuestro mal, nos abraza deseando que lleguemos a Él. No le importa la hora de llegada, él nos espera hasta el último momento. No lleva cuentas del mal, de los errores, del pasado, a diferencia de nosotros que lo contamos todo con buena memoria.
Nos lo da todo sin reservarse nada. El que trabajó en el campo todo el día tuvo el regalo de estar más tiempo con el Señor. El que llegó a última hora, es verdad que trabajó menos y se le paga igual. Pero también es cierto que la alegría de trabajar, de estar tranquilo porque se tiene para vivir, de estar cuidado y elegido en la viña a la que hemos sido llamados, eso es un privilegio y el que llega al final de la tarde lo ha disfrutado menos tiempo.
Nosotros lo medimos todo de forma tan humana. La medida de Dios es amar sin medida. Él mira el corazón del hombre, sus entrañas. Nosotros contamos datos y cifras, también lo que hacemos mal y no nos perdonamos cuando Dios ya se ha olvidado de nuestro mal. A veces no nos creemos dignos de recibir amor y nos excluimos, porque no conocemos a Dios. Somos como ese hijo pródigo que no conocía a su padre y a la vez como ese hijo mayor que también ignoraba su corazón.
La medida de Dios es amar sin medida. ¿Qué medida va a haber si la forma de pagar a Dios nuestro pecado es regalarnos a Jesús? Hoy Dios nos muestra un poco de su corazón, llama a todos, sea cual sea nuestro momento y no porque seamos perfectos, no como paga o premio a nuestro trabajo, sino gratis.
No contar nos ensancha el alma. ¡Qué bonito es saber dar sin medir y también aprender a recibir sin pensar si nos lo merecemos o no! Recibir sencillamente, agradecidos, sorprendidos.
"Jesús mío, tú siempre me esperas aunque me vaya; cuando vuelvo no me reprochas nada y sólo me abrazas. Por favor vuelve a confiar en mí aunque caiga mil veces. Ojalá pudiera mirar y amar como tú, con el corazón grande. Un corazón que no mida si doy o si recibo, que sólo de sin pedir. Señor enséñame a vivir sin mediocridad, con pasión, sin reservarme nada, con las ventanas del alma abiertas, sin protegerme, sin contar, confiando y alegrándome por los otros, sin compararme, sin envidiar, sin celos".

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