Sábado, 20 Enero 2018

Dios como Alfarero

Written by  Cuca Ruiz Published in 1 minuto para Dios Lunes, 27 Octubre 2014 18:00
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Me gustaría hablar sobre el segundo relato de la creación que está en Génesis, 2, 1-24.


Cuando se nos presenta a Dios como alfarero, quien toma barro de la tierra, moldea al hombre y le da el aliento de vida, brota de mí una exclamación de gozo: "Soy polvo de estrellas y un suspiro de Dios".

El hombre y la mujer son libres y creados para decidir y para vivir en comunión de amor consigo mismos, con los demás y con su creador. Reconociéndose criaturas que debían que aprovechar los dones recibidos para edificar su vida, cada uno de manera personal pero dentro del rumbo que su Creador les había marcado, se negaron a reconocerse como tales y quisieron ser Dios ellos mismos. Lo primero que sucedió con ese acto, fue que el hombre se sintió "desnudo", separado, solo, avergonzado y temeroso y se escondió de Dios. Y cuando él lo interroga y le dice que conoce el por qué, se esconde. El hombre no solo no reconoce su falta sino que culpa a Dios y se vuelve contra la mujer diciendo: "la mujer que tú me diste, me hizo comer". La narración va más allá y nos relata que la mujer tampoco reconoce su falta, no se arrepiente y culpa a la serpiente.

Podemos pensar que el principal pecado del hombre fue y ha sido desde entonces la soberbia, que lo lleva a no reconocerse como hijo de Dios. El mismo pecado que cometiera el ángel, cuando quiso ser Dios.

"Dios, pese a esto no nos abandonaste, nos seguiste amando y aunque perdimos la inocencia primera, dejaste en el fondo de nuestro corazón un deseo de ti, un hambre de infinito amor. Y tu amor no paró ahí, sino que llegó hasta el extremo, que te encarnaste en María y te hiciste hombre para que con tu palabra, tu vida, tu pasión, muerte y resurrección nos enseñaras el camino para llegar a ti, para resucitar en ti que es nuestro destino.
Señor, cuantas veces me he negado o revelado a hacer tu voluntad. Qué fácil es construir mis propios dioses, a los que dedicar mis esfuerzos, incluso a dar mi amor: la vida fácil, cómoda, no comprometida con nada que sea realmente trascendente; el desperdicio de mi propio talento; el dinero, los bienes materiales, la búsqueda de adquirir y conservar la belleza; la tentación de usar o abusar de mis hermanos para mi propio beneficio; la búsqueda del propio placer y tantos y tantos más. Jesús, te imploro que me des las fuerzas necesarias para reconocer mis fallas, dolerme de ellas, arrepentirme y pedirte perdón .y después tratar de pasar lo que me resta de vida, en conocerte mas, amarte más".

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