Sábado, 20 Enero 2018

El cielo prometido

Written by  Cuca Ruiz Published in 1 minuto para Dios Domingo, 24 Agosto 2014 19:00
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El Catecismo nos explica que el cielo que mencionamos en el Padre Nuestro no significa un lugar. Dios Padre no está en esta o aquella parte, sino por encima de todo lo que el hombre puede concebir cerca de la santidad divina.


Las palabras: "Padre Nuestro, que estás en el cielo...", deben resonar de tal manera en nuestro interior, que al rezar la oración lo hagamos con pleno sentido.

Al decir: "Padre Nuestro que estás en el cielo" es soñar con el cielo que nos espera; Dios es el cielo. Gustar su presencia y cercanía en la intimidad de nuestro corazón. Renovar nuestra decisión de seguir a Cristo hacia el camino al cielo.
Por el pecado fuimos desterrados de la patria celestial y por eso Cristo bajó del cielo para llevarnos de nuevo con Él a la casa del Padre. De allí venimos y allá queremos volver. Es allí donde Dios nos tiene preparada una morada.
El cielo nos remite al misterio de la alianza de Dios con los hombres, a su plan de amor para nosotros. En la tierra transcurre nuestra vida temporal, pero somos ciudadanos del cielo, somos de Dios y para Dios. Por eso hemos de aspirar a las cosas de arriba, no a las de la tierra.
Cada vez que rezamos el Padre Nuestro cultivamos ese deseo profundo de cielo, es decir, de volver al seno del Padre y permanecer allí junto a Él y en Él para siempre. El santuario de Dios es sagrado y cada uno de nosotros somos ese santuario.
Así, el recuerdo del cielo en el Padre Nuestro es un reclamo a la interioridad, a recogernos en el silencio de nuestro corazón, en nuestro escondite interior, para encontrar ahí con Dios.
Al pronunciar esas palabras alegres y llenos de esperanza, recordemos que Dios es cercano, más íntimo uno mismo. (Editado del texto del P. Evaristo Sada LC 19 Junio 2013).

"Señor, sé que me creaste para ti, y a ti quiero ir cuando tu lo dispongas. Pero mientras tanto, te pido que estés conmigo siempre. Ayuda a mi alma a estar en silencio; a no dejarse arrastrar por el bullicio de la vida; porque en ese silencio interior estoy contigo y ahí disfruto de las delicias del cielo que me tienes prometido".

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