Martes, 23 Enero 2018

El amor de Dios

Written by  Cuca Ruiz Published in 1 minuto para Dios Domingo, 03 Agosto 2014 19:00
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La prueba más evidente del amor de Dios es mi existencia. Si él no me amara, yo no existiría. Recorro los días de manera inconsciente, sin gustar el privilegio de saberme mirada, llamada, invitada por el Señor a ser su anfitriona.


Si al menos como el centurión del Evangelio, no me sintiera digna de recibir en mi casa la presencia divina, pero lo que me acontece es que vivo como confesaba San Agustín: "Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo".

Señor, no dejes de llamar a mi puerta, de invitarme a tu casa. Tienes derecho de entrar en la morada que tú mismo has constituido templo tuyo. Pero no llames solo porque tienes derecho, sino porque soy pecadora y necesito tu paso, tu misericordia, que me hagas testigo de tu generosidad para que, como le ocurrió a Zaqueo, brote dentro de mí la reacción magnánima, generosa y solidaria.

Resuenan en mí las expresiones de San Francisco de Asís: "Dios, mi Dios". "Dios, mi todo". "Sumo bien", "Total bien". Y las de San Agustín: "Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé".
(De la Oración, Dn. Angel Moreno Buanafuente, 03/11/2013).

"Señor Jesús, tarde te amé, tarde te conocí, pero cuando descubrí tu inmenso amor por mí; caí rendida a tus divinos pies. Quiero estar contigo, no quiero separarme de ti. Ayúdame Virgen Santísima para no cejar en mi propósito."

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