Sábado, 20 Enero 2018

El don de la piedad

Written by  Cuca Ruiz Published in 1 minuto para Dios Domingo, 27 Julio 2014 19:00
Rate this item
(0 votes)

Hoy vamos a reflexionar sobre un don del Espíritu Santo que tantas veces es entendido mal o considerado de manera superficial, y que en cambio toca el corazón de nuestra identidad y de nuestra vida cristiana: se trata del don de la piedad.


Es necesario aclarar enseguida que este don no se identifica con tener compasión de alguien, o tener piedad del prójimo, pero indica nuestra pertenencia a Dios y nuestra relación profunda con Él. Una relación que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con Él, aún en los momentos más difíciles y complicados.
Esta relación con el Señor no se debe entender como un deber o una imposición, es una relación que viene desde adentro.
Se trata de una relación vivida con el corazón: es nuestra amistad con Dios, que nos la dona Jesús. Una amistad que cambia nuestra vida y nos llena de entusiasmo y de alegría. Por este motivo, el don de la piedad despierta en nosotros sobre todo la gratitud y la alabanza.
Éste es de hecho el sentido más auténtico de nuestro culto y de nuestra adoración. Cuando el Espíritu Santo nos hace percibir la presencia del Señor y todo su amor por nosotros, nos calienta el corazón y nos mueve casi naturalmente a la oración y a la celebración. Piedad, por lo tanto es sinónimo de auténtico espíritu religioso, de confianza filial con Dios, de aquella capacidad de rezarle con amor y simplicidad que es propio de las personas humildes de corazón.

Si el don de la piedad nos hace crecer en la relación y en la comunión con Dios y nos lleva a vivir como hijos suyos, al mismo tiempo nos ayuda a derramar este amor también sobre los otros y a reconocerlos como hermanos. Y entonces sí que seremos movidos por sentimientos no de falsa piedad- hacia quienes tenemos a nuestro lado y a quienes encontramos cada día. Porque algunos piensan que tener piedad es cerrar los ojos, poner cara triste y hacer "teatro" como si fuera un santo.
La verdadera piedad es ser capaces de alegrarnos con quien está en la alegría, de llorar con quien llora, de estar cerca de quien está solo y angustiado, de corregir a quien está en el error, de consolar a quien está afligido, de acoger y socorrer a quien está en la necesidad.
Hay una relación entre el don de la piedad y la mansedumbre, el don de la piedad que nos da el Espíritu Santo, hace mansos.
El apóstol Pablo afirma: "Todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para caer en el miedo, pero han recibido el Espíritu que les vuelve hijos adoptivos, por medio de quien gritamos: "¡Abbá, Padre!". (De la Catequesis del Papa Francisco, 04/06/2014).

"Señor te pido que el don de tu Espíritu pueda vencer mis temores y mis errores, y también a mi espíritu inquieto e impaciente. Y pueda volverme testimonio alegre de ti y de tu amor. Adorándote en la verdad y en el servicio al prójimo, con la mansedumbre que el Espíritu Santo me da en la alegría....Ayúdame Jesús".

CUCA RUIZ

Read 614 times