Martes, 23 Enero 2018

Cuando me encuentro con Jesús…

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Sábado, 30 Abril 2016 14:01
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Puedo ser mejor que hoy, si no me doy por vencido, puedo estar mejor si nunca dejo de creer, si creo en lo imposible. Todo es posible si lucho, si amo. Hoy me detengo al borde de mi propio camino a mirar mi vida.

 

Me gustaría que mi felicidad no dependiera de las piedras del camino, de los baches, de las caídas. Me gustaría que las sombras no apagaran nunca la luz del alma, que mi felicidad no dependiera de cosas que no puedo controlar, que mi paz no estuviera en juego en cada mal paso que pueda dar. Me gustaría saber dónde poner bien el corazón para no confundirme al caminar por cañadas oscuras. Tal vez lo que me pasa es que me falta fe y no acabo de creer que el sentido de mi vida sea hacer siempre la voluntad de Dios. O quizás me parece imposible seguir siempre sus pasos en el camino de la vida, confiar y abrazarlo a Él cuando no sepa cómo abrazarme a mí mismo. Cuando me encuentro de verdad con Jesús en el camino cambia el sentido de mi vida.

Pero puede ser que no recuerde bien el día de ese encuentro. ¿Cuándo fue? ¿Dónde me encontraba? ¿De verdad me creo que Jesús va en mi camino, sostiene mis pasos, le da sentido a mis dudas, me abraza en mis miedos? ¿De verdad creo en la vida eterna que sueño y en ese amor infinito de Dios que me abraza cada mañana? ¿De verdad puedo decir que desde que me encontré con Jesús no he vuelto a ser el mismo? Es la conversión verdadera del corazón. Es ese cambio definitivo que todos deseamos. Me gustaría decir siempre que no puedo ser el mismo después de haber conocido a Jesús. Cuando me encontré con Él corriendo por mis caminos, cuando lo vi en mi vida abrazando mi debilidad, sosteniéndome y llamándome a correr a su lado. Ese abrazo de Jesús me hace ser distinto. Si Jesús toca mi corazón, ya no puedo ser el mismo.

Jesús se aparece a los que ama para estar con ellos, quiere darles esperanza, a aquellos que tanto le aman. Jesús no quiere demostrar a nadie su poder sobre la muerte, sólo quiere darnos una certeza para seguir caminando. ¡Jesús! ¡Vive! quiero gritar lo mismo cada vez que pierdo sus pisadas por el camino y me lleno de dudas. Me da vida esa presencia que todo lo transforma.

Me gustaría saber por qué los miedos turban tanto el corazón cuando Él me falta. El miedo a perder, el miedo a no controlar la vida, el miedo a esa soledad oscura en la que no está Él, el miedo a no saber lo que viene en un futuro incierto. Y me da miedo ese presente que controlo torpemente. Quiero pedirle a Jesús que vuelva, que se quede conmigo en medio de mi mar revuelto, en medio de una vida loca que me desconcierta. Y tengo algunas certezas que me dan esperanza para caminar, ¡Jesús está vivo en mi vida, en mi alma, en mi camino! En la sonrisa grabada en el corazón, en lo más hondo. He tocado su amor una y mil veces, he sentido su abrazo. Y por eso creo que soy más capaz de amar, de abrazar. ¿Cómo podría amar si no hubiera sido amado? ¿Cómo lograr abrazar cuando no he sido abrazado? (Del texto del P. Carlos Padilla, 17/04/2016.)

“Jesús mío, sé que estás conmigo siempre, que siempre caminas a mi lado y sin embargo ¿por qué tantas veces me equivoco en el camino? ¿por qué me siento insegura? ¿por qué a veces tengo tanto miedo de lo que pasara mañana? Enséñame cómo puedo abandonarme en tus brazos, dejar que seas tú quien viva en mí, poner mi vida en tus manos…” 

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