Sábado, 20 Enero 2018

El que en amor vive, en Dios permanece

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Sábado, 26 Marzo 2016 11:44
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Todos equivocadamente pensamos que tendremos tiempo de arrepentirnos en algún momento de nuestras vidas. Pero la realidad es otra muy diferente. El arrepentimiento es un acto de amor, un bien que pertenece al orden del espíritu y como todo bien espiritual, se posee en distintos grados de fuerza o incluso llega un momento en que es tan débil, que incluso no se posee.

 

Algunos viven en gracia de Dios, sumergidos en las aguas de su amor, en unas aguas muy profundas, tan profundas que, los que así viven, si saliesen a la orilla no sabrían cómo respirar el aire tan viciado que este mundo nos ofrece, pues lo suyo es respirar solo con el amor que el Señor les da.

Otros viven también sumergidos en las aguas del amor de Dios, pero no en aguas tan profundas de forma que alguna vez hacen una escapada a la orilla y respiran alguna bocanada de aire viciado del mundo, pero enseguida se ahogan y vuelven a las profundas aguas del amor divino.

Otros viven siempre habitualmente en la orilla y se han ido acostumbrado de tal forma a los placeres que les da el viciado aire mundano que ya casi no les molesta, pero saben que un día han de ser llamados por el Señor y que cuando esto ocurra, si quieren no condenarse, han de estar en el interior de las aguas del amor de Dios, pero piensan que siempre hay tiempo de arrepentirse, pues aunque sea en el último momento, la misericordia de Dios es infinita y dicen: “ya tendré tiempo de arrepentirme”. Sí, ellos saben, que no tendrán una gran gloria, sino que se va a salvar, si es que se salvan por los pelos y su vasija, (esa vasija que todos construimos aquí con nuestras demostraciones de amor al Señor, para que esta sea grande y el Señor nos la llene arriba de gracias), para ellos será una pequeña vasija, pero “me es igual”, dicen ellos, porque; “más vale pájaro en mano que ciento volando” y en todo caso: “nadie me quita lo bailado”.

Y aún hay una cuarta categoría de personas, que son las que viven en el interior y que nunca se han acercado ni siquiera a la orilla, porque lo suyo es negar: Negar la existencia de Dios y su amor, negar la existencia del mar de amor que el Señor nos ofrece; negar la existencia del infierno; negar inclusive en un inexplicable contrasentido la existencia del demonio, sobre el cual llegan a crear sectas en las que se le invoca, para su adoración.

Dios, creador absoluto de todo lo visible y de lo invisible, es el ser cuya esencia es el amor, todo el amor que existe en el universo visible y en el invisible, emana siempre de Dios, porque Dios y tal como nos escribe San Juan: “Dios es amor, y el que vive en amor permanece en Dios, y Dios en él”.  Todo lo que realiza el Señor es por razón del amor; por razón del amor nos creó y todo lo que hace por cada uno de nosotros o permite que nos ocurra solo tiene la finalidad de que vayamos a Él, a la búsqueda de su amor, a que ya en esta vida nos sumerjamos en las aguas de su amor. (Editado de Religión y Libertad. Juan del Carmelo.)

“Señor ayúdame a permanecer siempre en tu gracia, sumergida en las aguas benditas de tu amor…Ayúdame a acercar al mar de tu amor a mis hermanos, dame la gracia de poder mover sus corazones…Ayúdame a enamorarlos de ti, como yo estoy enamorada. Virgen Santísima, mantenme bajo tu amparo, no permitas que me aleje de las aguas benditas del amor de tu hijo Jesús…”

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