Sábado, 20 Enero 2018

Alabado sea Dios

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Sábado, 26 Marzo 2016 11:26
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Jesús no interrumpe la fiesta, no dice que esa alegría de antes de la Pasión no tenga sentido. Lo alaban, lo reciben con mantos, con palmas, con alabanzas y bendiciones. Jesús se deja, no se rebela. Acepta este derroche de cariño y no se incomoda. Hay que disfrutar este momento de gloria antes de la Pasión. Sólo unos días después Jesús morirá solo. Los que hoy están con Él, huyen, se esconden. Los que hoy lo aclaman, luego no lo defienden.  Así es el corazón humano.

 

¿Acaso no soy yo así, que me acerco o me alejo según me convenga? Hoy alabo a Dios por su grandeza y mañana puedo negarme a estar cerca de su amor cuando se tuerzan los caminos. Hoy Jesús recibe la alabanza de los sencillos, de los que sueñan, de los que creen. El otro día una frase me dio qué pensar: “No dejes nunca de creer”. Yo a veces dudo, desconfío, pierdo la esperanza.

Pero hoy es el día de los que creen en los imposibles. Jesús no detiene ese brote de esperanza, no interrumpe a los que lo aclaman. Esa alegría parece fuera de lugar, pero no lo está. Jesús la acepta. Es un gesto de cariño inmenso, el agradecimiento de tantos a los que había dado una esperanza y los había hecho más capaces de creer. Decía el Padre Cantalamessa: “Sólo los enamorados de Jesús pueden anunciarlo con profunda convicción”. Ese día la entrada en Jerusalén estaba llena de corazones enamorados. ¡Cuántas personas ese día darían gracias a Jesús porque habían sido curados, salvados, mirados, sostenidos, abrazados! ¡Cuántos intocables habían sido tocados por Él y hoy lo aclaman!

Me gusta bendecir a Dios, alabar su nombre y cuántas veces en mi oración sólo le pido cosas. Me gustaría alabar a Dios, sin pretender nada más, sólo por amor, por agradecimiento. Alabarlo gratis, sin pedirle nada. Como lo hace Jesús conmigo, me salva a cambio de nada, viene a mí a cambio de nada. Quiero darle gracias por mi vida, por su presencia en ella. Darle gracias porque siempre puedo volver a Él cuando pierdo la esperanza.

Esas muestras de amor seguro que le dieron fuerzas a Jesús. Tal vez fue necesario este momento de alegría para poder vivir después la Pasión. Jesús se sintió amado, respetado, querido. Era verdaderamente rey, pero no era rey de este mundo, era un rey distinto. Cabalgaba en un pobre pollino, sin ejército, sin el poder de la fuerza de hombres y soldados.

Hoy se siente arropado por los suyos, por los pobres, por los despreciados. Y después, pocos días más tarde, vivirá la soledad más absoluta. Es el siervo de Dios, el rey herido. Su amor entregado, su vida a punto de concluir, los últimos pasos montado en un pollino.

Me gustaría alabar a Dios en mi vida, quiero decirle a Jesús que Él ha sido mi camino. Que desde que me encontré con Él mi vida tiene otro color, otro sentido. Quiero decirle que es mi Señor, mi Dios, el centro y la roca de todo lo que hago y sueño. Que es mi montaña, mi hogar, mi vida.

Jesús lo acoge todo con alegría, lo guarda dentro de su corazón. Hoy Jesús disfruta al recibir amor, al ser querido. En su corazón hay preguntas y miedos, anhelos de darse más e incertidumbre ante el dolor. Me gustaría en ese momento protegerle y caminar a su lado. Me gustaría darle fuerza en sus miedos. (Del texto del P. Carlos Padilla, 06/20/2016.)

“Te quiero Jesús, te quiero aunque no sepa hacerlo, aunque me olvide y sea inconstante…Enséñame cómo amar, enséñame cómo darme a mis hermanos. Enséñame a hacerlo sin prisas, con mansedumbre…Quiero aprender de ti tu obediencia, tu forma de hacer las cosas unido siempre a tu Padre….Enséñame a no huir, cuando las cosas no me acomodan, no me gustan o me atemorizan…Enséñame a no cuestionar tu voluntad y solo aceptar…”

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