Sábado, 20 Enero 2018

Confiar en uno mismo

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 08 Marzo 2016 16:04
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Tengo que confiar en mí, en mi barro, en mi miseria. En que mi tierra da fruto si cavo hondo, si saco las piedras y la maleza, si riego, si cuido. Confío en esa tierra y en lo que hay sembrado en mi interior. Tengo que mirar el amor de Dios y creer que en mí hay escondida una montaña de ternura que Dios tiene que despertar, con su agua, con su luz, con su fuego.

 

Creo en el fruto del amor que es el mayor anhelo de mi alma. Por eso no me desespero, no dejo de creer y no me desilusiono.

Quiero que su mirada me sane y cambie mi tierra. La mirada compasiva de Jesús es la que me salva, la que me sana, la que me hace fecundo. Esa mirada que cree en los imposibles y cree que en mi corazón hay una vida que yo mismo desconozco. Jesús me mira, mira mi alma y la ve bella, más bella de lo que yo la veo, tal vez incluso más bella de lo que es.

Esa confianza de Dios en mí, en lo que yo mismo puedo llegar a ser, me llena de felicidad. Su amor misericordioso saca lo mejor de mí y me lleva a amar a otros hombres. Confía y me hace confiar.

Tengo que aprender el valor de las pequeñas cosas, aunque la indiferencia también es un camino de vida, pues uno se desprende de muchas ataduras, borrando con fuerza mensajes negativos en el alma.

Es libertad interior, es confianza en Dios. Cuando Cristo se convierte en la medida de las cosas y mi confianza en sus planes hace que mis planes dejen de ser tan importantes, todo cambia, todo es posible cuando creemos. Sólo así es posible ponerse en camino. Uno sólo puede dar lo que recibe, uno sólo puede ser misionero cuando tiene el alma llena de Dios. Cuando ha bebido en el pozo santo de Jesús. Cuando ha descansado en el jardín donde habita Dios. (Del texto del P. Carlos Padilla, 28/02/2016).

“Señor, aquí, desde el fondo de mi alma, te pido ser santa, te suplico que me conviertas, que hagas transparente mi barro. Sé que soy una humilde pecadora, que no tengo mérito alguno para pretender ser santa. Pero tú eres pura Misericordia y por eso elevo hasta ti mi oración. Ayúdame para que comprenda tu voluntad en mí, que acepte mis limitaciones, mis tropiezos y mis miedos. Ayúdame para que lo exterior no me lastime, no me afecte, para que pueda vivir siempre en ti…”  

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