Sábado, 20 Enero 2018

Buscando certezas

Written by  Cuca Ruíz Published in 1 minuto para Dios Martes, 08 Marzo 2016 16:02
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A veces buscamos certezas, caminos seguros en medio de un mundo inseguro, en movimiento, inestable. Buscamos una roca sobre la que construir nuestras vidas. A veces nos obsesionamos con la seguridad de los hombres. Y hay una armonía perfecta que sólo anhelamos.

 

Quisiera decirle a Dios lo que le dijo Moisés ese día de rodillas ante la zarza ardiente: “Aquí estoy”. Lo dijo consciente de la pobreza de su vida. ¿Cómo iba él a salvar a todo un pueblo esclavo, cómo iba a liberarlos de un pueblo tan poderoso? La pequeñez de su vida la tocó ese día al pisar terreno sagrado. Dijo en su corazón: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Y la hizo. Cada día de su vida fue seguir los pasos de Dios. Fue arrodillarse, escuchar y actuar. Fue tomar su incapacidad en sus manos y ver cómo Dios construía con ese barro.

Eso es lo que vale. La actitud confiada de los niños. Por eso hoy confío en esa misericordia que me sostiene. Y le digo que sí a Dios, confío en Él.

La santidad se conjuga siempre en presente. No se alimenta de buenas intenciones. No se lamenta de los fracasos pasados. Eso siempre me da confianza, porque siempre puedo volver a comenzar. Percibo mi vida tal como es ahora, la tomo entre mis manos, la miro con misericordia. Sé cómo soy, no me sorprendo, no me asusto, no me acostumbro tampoco, porque sé que siempre puedo ser mejor, amar más, dar más sin miedo. No me miro pensando en cómo debería ser, anhelando una armonía perfecta prácticamente inalcanzable. No me miro pensando en cómo era antes, cuando era más joven, cuando tal vez tenía más ímpetu, más fuego. No, me miro tal como soy ahora, en este momento en el que veo la pobreza y la belleza de mi alma. La desproporción entre ese amor infinito de Dios y mi amor tan pobre y escaso, la distancia entre el lugar en el que estoy y la misión inmensa que Dios me pide. Vivir en el instante presente, que consiste en tomar conciencia de mi entorno, de mi realidad.

El hombre necesita volver a su interior, a su corazón y no vivir continuamente derramado en el mundo. Es la verdad, necesito orar, estar junto a mi Señor, salir al mundo y llevar, desde lo que soy, su amor. Por eso es tan necesario vivir aquí y ahora.

Es la santidad de la vida diaria en la que nos dejamos conducir dócilmente por Dios. La santidad se conjuga en presente. Lo pasado ya pasó y por ello tengo que seguir adelante, no puedo vivir con la cabeza vuelta hacia atrás, rumiando mis errores. El pasado forma parte del ayer y no puede ser una fuente de culpabilidad, de preocupación, de angustia. Al mismo tiempo a veces me da miedo el futuro, lo que no controlo, lo que desconozco, lo que puede suceder. Sueño con que el futuro no me aturda con su cuota de incertidumbres y preocupaciones. Quiero aceptar la vida tal y como se me presenta en este instante, quiero intentar sacarle el mayor provecho, disfrutar de los pequeños detalles de la vida y asombrarme ante las sorpresas que no esperaba. Me gustaría saber asumir las dificultades como una oportunidad para aprender. Siempre es posible avanzar, mejorar, crecer.  (Del texto del P. Carlos Padilla, 28/02/2016).

“Jesús mío, no quiero vivir agobiada por las cosas que me ha deparado la vida. Tampoco quiero vivir temerosa por lo que va a venir. Quiero vivir el presente jubilosa desfrutando lo que soy y lo que tengo, siempre contigo, siempre en ti. Tratando de llevarte a mis hermanos, dando amor, dándome toda por ti…”

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