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Motivos de fe para celebrar la Navidad

Written by  Maleni Ramírez Published in Sociedad Domingo, 13 Diciembre 2015 13:05
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Aunque el origen de algunos elementos de la Navidad sea de carácter pagano, los cristianos celebramos esta fiesta para recordar y honrar a nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, quien entregó su vida en la cruz para librarnos de la muerte y de todo pecado, otorgándonos la salvación y la vida eterna en su lugar. Él nos compró por precio, dice la Escritura, y ese precio fue su carne y su sangre. Para nosotros, su sacrificio lo es todo, pues sin éste no podríamos alcanzar el perdón y la reconciliación con Dios. Jesús venció la muerte en la cruz, puso al enemigo (Satanás) bajo sus pies, y nos abrió el camino hacia el Padre.

Los creyentes somos constantemente criticados, juzgados, atacados por diferentes razones, y una de ellas es el hecho de que celebremos la Navidad en diciembre, o que tengamos tradiciones como poner un árbol de Navidad, intercambiar regalos, cenar algo especial, etcétera. Muchos argumentos son lanzados hacia la cristiandad en general, en el intento de desprestigiar nuestro festejo. Sin embargo, como soldados y seguidores de Jesús, nuestra responsabilidad es fortalecer nuestra fe y compartir con otros la verdadera sustancia de la misma. Estas semanas previas a la Navidad son el tiempo perfecto para ejercitar dicho cometido.

Los ojos de las personas, creyentes o no, están puestas en este evento. El nombre de Jesucristo es grande e impactante. Su nacimiento dividió la historia de la humanidad en dos: antes y después de Cristo. Nadie puede retraerse completamente del acontecimiento de la Navidad cada año. En todas partes suena, huele y se evidencia la época. Muchas bellas celebraciones y anuncios toman lugar en todas partes.

Nosotros sabemos que el 24 de diciembre es una fecha que se instituyó para conmemorar el nacimiento del Salvador del mundo, y que es nuestra fe, nuestro amor y nuestra devoción a Él lo que nos impulsa a prepararnos para ese día. Buscamos de todo corazón reflexionar sobre nuestra vida a través del año e incluso intentamos establecer nuevos propósitos para mejorar nuestra condición física, emocional o espiritual.

Nos inspira el gozo de la Salvación que hemos alcanzado por la gracia de Dios; nos alienta la esperanza de una vida en abundancia, tal como Jesús nos lo prometió; tenemos la convicción profunda de la vida eterna después de la muerte; confiamos en el favor y la fidelidad de un Dios santo y perfecto que nos amó con amor eterno. Nuestra fe no es una práctica vacía, consumista y sin sentido. Lo que celebramos no es sólo un evento social sino un momento espiritual de mayores dimensiones, pues tiene que ver con el sustento de nuestra vida y la permanencia de nuestra familia.

Honramos a nuestro Señor en la mesa, preparamos platillos especiales porque Él nos trajo libertad, vida, sanidad, abundancia, y al celebrar estamos reconociendo y recibiendo todo lo que Él, en su infinita misericordia, nos ha otorgado para que lo disfrutemos y valoremos. También compartimos con nuestros seres queridos esta bendición, limamos asperezas y rendimos nuestros corazones en la unidad del Espíritu Santo.

Con humildad reconocemos y reflexionamos en las bondades que el nacimiento de Jesús trajo a la humanidad. Damos gracias en familia por la presencia de Dios en nuestros hogares y volvemos a invitar a Cristo a quedarse en éstos. Nos preparamos para iniciar un año más en la consagración y la devoción hacia nuestro amado Jesús. Intercambiamos regalos para demostrar y simbolizar nuestro amor los unos por los otros, tal como su mandamiento nos lo dictó.

Para nosotros, la Navidad es el tiempo de expresar al mundo nuestra fe en Jesucristo, nuestra profunda convicción de que Él es el Hijo de Dios, el Mesías, el enviado de Dios, el Salvador del mundo. ¡Y claro que nos esmeramos en los festejos para el Rey! No escatimamos en tener una noche especial, llena de amor, unidad, armonía familiar y bendición en abundancia.

Gocemos la próxima Navidad en este espíritu y hablemos del privilegio de nuestra fe a otros, sin dudar.

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